Este mes, se conmemoran 90 años desde el fallecimiento de Federico García
Lorca, uno de los poetas y dramaturgos más influyentes de la literatura
iberoamericana. Con 38 años a su haber y una obra aclamada dentro y fuera del
continente el poeta fue ejecutado por fuerzas franquistas la madrugada del 18 de
agosto de 1936, en un camino rural entre los pueblos de Víznar y Alfacar, en
Granada (España). Un acta oficial del gobierno español detalló que había muerto
por “heridas producidas por hecho de guerra”, en los días previos a que el país
entrara en la llamada “Guerra Civil” española.

García Lorca nunca se afilió al Partido Comunista hispano, sus amistades con
socialistas confesos como la actriz Margarita Xirgu o el ministro Fernando de los
Ríos le generaron importantes enemigos, además de sus polémicas y altisonantes
opiniones.
Varios medios españoles difundieron la noticia de que García Lorca mantenía
relaciones homosexuales con los integrantes de un teatro estudiantil. “También el
Estado da dinero para ‘La Barraca’ donde Lorca y sus huestes emulan las
cualidades que distinguen a Cipiriano Rivas Cherif, su ‘protector’. ¡Qué vergüenza
y qué asco!”, indicaba la revista satírica El Duende, tal como da cuenta El
Confidencial. Una publicación falangista F.E., acusaba a los ‘barracos’ de llevar
una vida inmoral y practicar “el marxismo judío”.
García Lorca, de alguna forma, veía venir el descalabro: meses antes del inicio de
la guerra, se trasladó hasta Granada, zona republicana, para pasar junto a su
familia la fiesta de San Federico. Pensó en refugiarse en casa del
compositor Manuel de Falla, cuyo renombre internacional podría ofrecerle
protección, pero optó por alojarse en casa de los padres de su amigo Luis
Rosales.
Dos días después, García Lorca fue apresado y ahí es cuando se le pierde la pista
definitivamente. Lo que vino después, en la práctica, es una nebulosa de dudas
que se extiende hasta nuestros días: el régimen de Francisco Franco nunca
reconoció haber tenido participación en su muerte.