Ayer, en su primer discurso como presidente de la República, Keiko Fujimori
presentó un diagnóstico duro: el Perú atraviesa un momento enrarecido, con
deterioro en seguridad, criminalidad, informalidad y capacidad operativa del
Estado. Los números expuestos mostraron una tendencia clara: el país está
predispuesto a la ingobernabilidad.

Hoy, la Ley de Delegación de Facultades ha sido emitida. El anuncio se convirtió
en norma.
La ley autoriza al Poder Ejecutivo a legislar durante ciento veinte días en
materias esenciales para la vida nacional: seguridad ciudadana, criminalidad,
sistema penitenciario, régimen laboral, tributación, desarrollo productivo,
simplificación administrativa, minería, pesca, energía, turismo,
infraestructura y reforma estructural del Estado.

“Delégase en el Poder Ejecutivo la facultad de legislar, por el plazo de ciento
veinte (120) días calendario…” (Ley de Delegación de Facultades)
La norma también establece que los decretos legislativos no estarán sujetos a
consulta pública ni análisis de impacto regulatorio. Es una señal institucional de
urgencia: el país necesita decisiones rápidas, y el Congreso ha optado por
transferir esa responsabilidad al Ejecutivo.
En este contexto, esta delegación puede leerse como una señal esperanzadora:
una herramienta para reordenar la vida civil, recuperar la paz pública y reconstruir
la capacidad del Estado. No porque todo se resolverá de inmediato, sino porque
por primera vez en mucho tiempo existe una ruta clara, una decisión concentrada
y temporal para actuar.
Sabemos quién está tomando las decisiones. Sabemos qué facultades se han
otorgado. Sabemos que el plazo es de cuatro meses. Y sabemos que, al término
de ese periodo, deberá empezar a aplicarse otra versión del Perú: más
ordenada, más funcional, más segura y más capaz de responder a sus desafíos.
La ciudadanía tiene derecho a exigir transparencia, vigilancia y responsabilidad en
cada decreto legislativo que se emita. Pero también tiene derecho a sentir
esperanza cuando el Estado decide actuar con firmeza en momentos de crisis.
Hoy se ha dado un paso institucional decisivo. Los próximos cuatro meses serán
determinantes.