El presupuesto 2027 será el primero elaborado por la actual administración.
Permitirá evaluar si efectivamente cambia las prioridades y corrige la trayectoria
fiscal. Con todo, su margen de maniobra es acotado: la regla fiscal exige reducir
el déficit estructural a 1,8% del PIB, limitando el crecimiento del gasto; y más del
80% del presupuesto está comprometido por leyes permanentes.
Este trabajo se escribe deliberadamente antes de conocer el proyecto, con el
propósito de poner el foco en las doce claves que será relevante mirar del
mismo:
1. Un crecimiento real de entre 1% y 2% —bajo en perspectiva histórica—
sería compatible con la meta estructural de -1,8% del PIB. Con todo,
para atenuar el acercamiento al nivel prudente de deuda y/o realizar
aportes al Fondo de Estabilización Económica y Social (FEES) se
requeriría un crecimiento menor.
2. El problema fiscal no termina en 2027, pues las proyecciones muestran
holguras negativas entre 2028 y 2030. Esto implica que se requieren
medidas permanentes de ajuste del gasto o generación de ingresos
estructurales para ampliar el espacio fiscal.
3. Con el gasto comprometido, la deuda pública podría superar el nivel
prudente de 45% del PIB en 2029. El Presupuesto 2027 debe contribuir
a mantener una trayectoria de deuda sostenible, sin depender de
supuestos excesivamente optimistas.
4. El ajuste fiscal debe ser trazable y verificable, con montos por partida,
plazo y carácter permanente o transitorio de cada medida.
5. El 83% del presupuesto 2026 está comprometido por leyes
permanentes. Esto deja poco espacio para reasignaciones y hace difícil
modificar sustancialmente la estructura del gasto.
6. Salud, Educación, Trabajo, Vivienda y Obras Públicas concentran cerca
de 80% del gasto, además, con alta proporción de rigidez interna. Un
cambio de prioridades drástico es difícil de materializar en un año.
7. El pago de intereses ya representa 5% del gasto público, frente a solo
2% en 2008. Si continúa aumentando, reducirá aún más el espacio
disponible para políticas públicas.
8. La inversión pública ha perdido peso en las últimas décadas y ha tenido
problemas de ejecución. Dado el elevado desempleo, el presupuesto
debiera priorizar la inversión y su ejecución efectiva.
9. El gasto corriente tiende a sobre-ejecutarse, en especial en Salud;
mientras que el gasto de capital se subejecuta para compensarlo. Esto
debiera corregirse.
10. Los últimos años muestran una sobreestimación persistente de los
ingresos tributarios no mineros, contribuyendo a los incumplimientos de
la regla fiscal. El Presupuesto 2027 debe utilizar supuestos realistas,
verificables y acompañados de un seguimiento de la recaudación
efectiva.
11. El fuerte aumento de los ingresos derivados del cobre debe distinguirse
entre componentes permanentes y transitorios.
12. Chile cuenta con un buen sistema de monitoreo, pero cubre solo 44,2%
del presupuesto. El desafío es aumentar su cobertura y que sus
resultados tengan mayor incidencia en las asignaciones.
“El presupuesto 2027 será el primero elaborado por el actual gobierno. Por un
lado, es la oportunidad para que muestre sus cartas potenciando con recursos
sus prioridades programáticas, que debieran ser empleo y seguridad. A la vez,
es una prueba respecto de su compromiso con la sostenibilidad fiscal, con un
crecimiento del gasto acotado que permita cumplir las metas fiscales.”








