Por Jorge Varela
Analista político
¿Dúo o binomio? Si usted le preguntara a jóvenes y adultos cómo denominarían la
cercanía amistosa entre dos personas, una mayoría dirá de acuerdo a su
escuálido lenguaje contemporáneo que “se trata de una pareja”. En el deporte,
también en la música, es frecuente el nacimiento de binomios y dúos. En cambio,
en el campo de la política no siempre se da este tipo de vínculos, no siempre
prima la colaboración estrecha en torno a esperanzas y aspiraciones comunes;
quizás porque la ambición por el poder es más fuerte que los afectos y el trabajo
conjunto, aunque nos parezca que con amor la esperanza se alcanza y el poder
se cansa.
Duplas mal avenidas
El trabajo compartido de dos amigos puede ser más fértil que el de una persona
que labora sin el apoyo franco y cálido de otro ser, camarada o compañero. Sin
embargo, en América Latina las duplas gobernantes suelen ser de mal pronóstico
y hasta de mal aspecto colaborativo. Los casos abundan: Pedro Castillo y Dina
Boluarte en Perú, Daniel Noboa y Lenín Moreno en Ecuador, Evo Morales y Álvaro
Garcia Linera en Bolivia, Javier Milei y Victoria Villarroel en Argentina. ¿Será que
la desconfianza es más densa que el cúmulo de coincidencias ideológico
estratégicas? ¿Será que no creemos en el otro? ¿O es este nuestro sino regional
distintivo?
La rivalidad competitiva, la ambición, la traición, ocultas entre las cortinas y los
documentos del poder, aparecen en momentos grises y generan estragos
institucionales de magnitud, retrasando el progreso armónico de sus atribulados
mandantes.
El caso de Chile
En Chile ha aparecido una dupla izquierdista conformada por dos ex-presidentes,
Michelle Bachelet y Gabriel Boric, que algunos llaman en voz baja dúo “Ba-Bo” o
dúo “Bo-Ba”, según las preferencias de aquellos auditores que todavía escuchan
canciones y temas con música y letra del pasado. Lo que se ignora es el tipo de
sociedad que flota en el aire, pues no se sabe si es de naturaleza colectiva, en la
que se responde solidariamente, o es de responsabilidad limitada.
Pese a estas complicidades sonrientes de Bachelet y Boric, la disputa por la
hegemonía de la oposición a José Antonio Kast persiste entre el Partido Socialista
y el Frente Amplio, mientras el acceso al estrado principal sigue disponible para
ser ocupado por otros protagonistas. Es más, la tesis de construir un eje sólido
entre el PS y el FA que comparta la hegemonía de la oposición continúa en estado
larvario de elaboración.
En el PS desconfían de Boric y su entusiasmo acelerado por participar de la
contingencia. No pocos afirman que está pensando regresar a La Moneda en
2029. Bajo esta perspectiva manifiestan su interés para que Bachelet asuma el
liderazgo de la oposición. Hay socialistas que aún ven en Bachelet una carta
marcada para neutralizar la posibilidad de que Boric actúe sin contrapesos y
evitar, -además-, una eventual competencia paralela entre algunas figuras
importantes del PS, como el exministro Álvaro Elizalde y la senadora Paulina
Vodanovic; situación que podría generar una brecha interna.
¿Un dueto para siempre?
A favor de Gabriel Boric juega el factor tiempo. En su entorno son conscientes de
que su liderazgo como exmandatario, no tiene una fecha pronta de caducidad. Por
ahora, él está empeñado en ampliar su base de apoyo. Comprende que para
mantenerse, la mayor diferencia que puede marcar es que él sí puede acceder a
ciertos ‘jerarcas’ de izquierda a los que el resto de postulantes no puede llegar con
la misma facilidad. Según una aguda visión analítica, el acercamiento del
frenteamplista a la exmandataria es básicamente estratégico.
Bachelet, por su parte, insistirá en la unidad de la izquierda progresista con
sectores que compartan su reconocida postura ideológica-estratégica. Una misión
que podría verse obstaculizada por la mala asesoría de algunos de sus más
cercanos, quienes querrán –como Paula Narváez, Ana Lya Uriarte, o Eolo Díaz–,
que asuma un rol más activo y que inicie a pesar de ella misma, la carrera
prematura hacia una fase incierta.
Cuesta imaginar que quienes fueran protagonistas principales de los mayores
desaciertos que llevaron al tremendo fracaso de la izquierda chilena insistan ahora
en ser protagonistas de los cambios que esta requiere. La crisis de la izquierda
tiene que ver con la falta de un proyecto político inteligente, serio, capaz de
conectar con la mayoría del país; además de la escasez de figuras carismáticas.
El riesgo que contiene la dupla Ba-Bo o Bo-Ba, radica en que podría sofocar el
soplo democrático que tanto necesita la izquierda y consolidar definitivamente la
vigencia de las viejas corrientes ideológicas que determinaron su descalabro.








