Hace exactamente dos años atrás, el pueblo de Chile rechazó en las urnas el
proyecto constitucional que proponía la Convención Constitucional y que el pueblo
llamo sabiamente “el mamarracho”.
Ese día, el pueblo voto por amplia mayoría continuar con el actual sistema
democrático de gobierno, caracterizado por la separación de los tres poderes del
Estado, manteniendo un régimen judicial independiente; los derechos
garantizados por la Constitución como la libertad de expresión, de reunión, de
pensamiento, y de culto; la libertad de enseñanza; y la libertad para emprender en
las actividades económicas.
El rechazo de ese proyecto hecho por tierra la intensión refundacional de un sector
delirante de la sociedad, que buscaba el reemplazo del carácter unitario del
Estado por uno de carácter plurinacionalidad, y el establecimiento de derechos
exclusivos para los indígenas que rompían el concepto de la igualdad ante la ley.
El resultado electoral también impidió que la economía chilena se fuera por el
despeñadero se frenara el comercio internacional, se acabara con el derecho de
propiedad, de aguas y de concesiones y en definitiva se frenara la inversión y el
crecimiento económico. Único camino sensato para lograr un mejor nivel de vida
para todos los chilenos.
En suma, el resultado electoral de ese 4 de septiembre, impidió que Chile siguiera
el camino de Cuba, Nicaragua y Venezuela – socialismos del Siglo XXI – donde
existen regímenes políticos y económicos dictatoriales que han empobrecido sus
respectivos países, impuesto un autoritarismo que ahoga las libertades públicas y
condena a sus pueblos a vivir en la miseria.








