En una columna de opinión publicada por El Mercurio de Valparaíso y reproducida
por El Mercurio de Santiago, Carlos Peña, Rector de la Universidad Diego Portales
(UDP), analiza las protestas que algunos sectores de izquierda han realizado para
referirse a las filtraciones de la conversación por chat entre la diputada Cariola y la
ex alcaldesa de Santiago Irací Hassler. En ese chat, Cariola se refiere en duros
términos al presidente Gabriel Boric, señalando que es una “m…de ser humano” y
que…”su gobierno es lo peor que nos ha pasado”.Al respecto escribe el Rector Peña en la columna que comentamos: “No tiene
ningún sentido, y tampoco hace bien a la esfera pública, quejarse con los
periodistas por divulgar las filtraciones en las causas que lleva el Ministerio
Público. En esto, como en otras cosas de la vida, cada cual cumple con su deber.
Sobre el Ministerio Público pesa un deber de secreto o de discreción respecto de
los antecedentes que contiene la carpeta investigativa; pero ese deber no alcanza
a los medios de comunicación, que no tienen ese deber, sino que, por el contrario,
el suyo es divulgar todo aquello que reviste interés público.
Porque, aunque suela olvidarse, la virtud del periodismo es la indiscreción y no la
reserva, el gusto por lo que se oculta y no por el disfraz que lo cubre, no la
literalidad de lo que se dice, sino lo que se deja ver entre líneas. Ese es su deber
básico. Por eso, toda la información que llega a manos o a oídos de los medios
que, a juicio de estos últimos, posee interés público, merece ser divulgada. Por
supuesto los medios o los periodistas pueden equivocarse a la hora de evaluar si
algo reviste interés público o no; pero no cabe sino confiar en ellos y en su
discernimiento porque la alternativa —que un tercero, por ejemplo, una autoridad,
decida ex ante qué es de interés público y qué no— equivale a suprimir la libertad
de información, que es la base de una sociedad abierta.
Por eso no tiene mucho sentido quejarse de los medios que por estos días han
divulgado conversaciones de la diputada Cariola o la exalcaldesa Hassler, porque
si bien esas conversaciones son privadas por el ánimo con que se llevaron a cabo,
es bastante obvio que tienen interés público atendido su contenido. ¿Acaso no
tiene interés público la evaluación que hace una representante acerca del
desempeño del Gobierno del que forma parte? ¿No tiene interés público el
intercambio de favores o la insinuación de que los debía haber?
Se dirá que todo eso es parte de una comunicación informal y que las críticas al
Gobierno son fruto de una ofuscación momentánea; pero eso no despoja a esas
comunicaciones del interés público que poseen. No es la individualidad, ni la vida
sentimental, ni los temores íntimos lo que se ha divulgado, sino la reacción de una
política frente a su propia tarea y su propio desempeño. ¿Qué se trata de dichos
en momentos de ofuscación? Tampoco eso los inmuniza frente a la mirada ajena
si se habla del manejo de los asuntos gubernamentales.
Lo que más bien llama la atención es que se alce la voz al cielo por la difusión de
esas conversaciones, y se haya guardado silencio con la búsqueda inquisitorial
que el propio Ministerio Público llevó a cabo en otras causas, como el caso
Hermosilla, donde se desarrolló una búsqueda de delitos deliberada mediante la
revisión pormenorizada de comunicaciones. No buscando delitos que se supiera
se cometieron, sino tras aquellos que se supone debía haber cometido. Es mal
síntoma del escrutinio público que se alce la voz frente a un caso de interés
público, y no se diga nada, o se aplauda, la actitud inquisitiva del Ministerio
Público cuando, como ha ocurrido en otros casos, hurga y revisa con detalle y
pormenor las comunicaciones no tras un delito determinado, sino en pos de
cualquiera que quien firma las comunicaciones pudo haber cometido.
De todos modos, y en lo que respecta al caso Cariola, no cabe duda de que no se
ha infringido la privacidad, ni violado un deber de discreción en cualquier caso
inexistente para los periodistas que, afortunadamente para la democracia, ejercen
lo que con toda justicia podría llamarse la profesión indiscreta”.








