Por Jorge Varela
Analista político
¿Qué significa el humanismo en un entorno nihilista donde lo humano se
encuentra en decadencia, desplazado por la furia de huracanes psico-ideológicos
provenientes de la a veces oscura profundidad del ser?
Un ideal, un proyecto
El humanismo como modalidad de amparo existencial, como constructo de
comunidad universal, -de diálogo real, concreto, no dogmático entre seres
pensantes-, como modo de convivir, es según se sostiene: “un ideal en continua e
impredecible metamorfosis, un proyecto sujeto a modificación”. (Sheila López
Pérez, sobre el “Pensamiento Humanista”, Directora del grado en Filosofía,
Política y Economía, Universidad Isabel I, Burgos, España, 7 de febrero de 2022)
El humanismo -como idea raíz fundante- ha cedido su espacio privilegiado de
elaboración y tratamiento académico-intelectual para dar paso a concepciones
individualistas y relativistas acentuadamente engañosas que intentan buscar la
salida a cuestiones relacionadas con el progreso social y desarrollo material, al
costo de impedir el perfeccionamiento espiritual y ético-político de quienes se
declaran sus cultores.
El pensamiento de Nietzsche
En plena mitad del siglo XIX el pensamiento de este filósofo alemán remeció el
andamiaje del humanismo y lo hizo tambalear; los efectos sísmicos de su trabajo
avasallador aún continúan. Para entender su doctrina es necesario escarbar en su
idea de hombre. Para Nietzsche “el hombre no es la consecuencia de un propósito
expreso, de una voluntad ni de un fin; con él no se hace una tentativa de alcanzar
‘un tipo humano ideal’…. siendo absurdo pretender descargar su modo de ser en
algún ‘fin’.” (“Cómo se filosofa a martillazos”, Los cuatro graves errores, párrafo 8)
“La humanidad no tiene en su conjunto fin alguno, y consiguientemente el
hombre, al examinar su marcha total, no puede hallar en ella su consuelo, su
descanso, sino su desesperación”, (“Humano, demasiado humano”, De las cosas
primeras y últimas, párrafo 33)
Desde esta visión nietzschiana se abre una línea de análisis que permite explicar
parcialmente determinados trastornos y conflictos que aquejan a la vida del
hombre, a la existencia misma del ser y a la humanidad en el curso de los últimos
dos siglos. Mucho del caudal torrentoso de la historia contemporánea está
reflejado en ella, para mal o para bien.
Auge del falso humanismo
En Chile el Partido Humanista surgido en 1984, devenido después en la Alianza
Acción Humanista Verde (año 1991), se convirtió en una versión de humanismo
izquierdista muy particular en que desembocaron diversas visiones conformando
un revoltijo de idearios narcotizantes que ha pretendido alimentar a sus seguidores
sin fuerza nutritiva suficiente en un intento por dejarlos satisfechos y contentos:
socialismo, libertarismo extremo, ecologismo y feminismo exacerbados,
antineoliberalismo, nacionalismo e internacionalismo extraviados. Todo en un
mismo vertedero.
El antecedente genético de este partido lo aportó “La Comunidad”, una especie de
secta creada por Mario Rodríguez Cobos (también conocido como Silo). En Punta
de Vaca (Argentina) cerca de la frontera con Chile, expuso su fórmula mágica para
“humanizar la tierra” (año 1969).
Así partió este extraño Movimiento Humanista, cuyas ideas, símbolos y colores
distintivos son los mismos del “siloismo”. Sus principios y mensajes son aquellos
que dejara el denominado “Mesías de Los Andes”.
La posibilidad de otro diseño
Occidente y otras aéreas del planeta -entre éstas, las Américas- viven en medio
de una atmósfera posmoderna de falsos humanismos y creciente antihumanismo.
Diferentes “ismos” ocupan la agenda de determinados sectores sociales y
políticos. Uno de estos, -el wokismo-, se ha convertido en punta de lanza cultural
envenenada de la izquierda radical en varios países del hemisferio occidental
donde la regresión valórica se ha instalado.
El humanismo como movimiento está en pleno deslizamiento regresivo. Ello
explica que hoy sea más importante la preocupación por un animal que la
existencia y dignidad de la persona. Cuando las bases estructurales están febles
el humanismo empieza a derrumbarse y la tarea para reconstituirlo se torna
compleja. Sin valores, sin respaldo ético, el humanismo carece de sentido y se
transforma en una simple consigna al servicio de la perversidad de quienes
manipulan la contingencia del momento.
Cuando el humanismo está cuestionado, anémico y en suspenso, ¿será posible
hacer esfuerzos para revitalizarlo? ¿Será posible concebir un nuevo diseño de
pensamiento que supere su dimensión ética actual y reformule su proyección
filosófica, moral, cultural, política, social, económica?: ¿un diseño de
características universales que no sea precisamente su polo opuesto?
He aquí una tremenda tarea para la paleolítica e ineficaz Organización de
Naciones Unidas, para las Universidades desorientadas que han perdido el foco
de su visión y de su misión, para los Estados y gobiernos que se ufanan de la
defensa de los derechos humanos, la democracia y la libertad; también para las
entidades intelectuales y sociales de diferente signo: marxista, socialista,
conservador, liberal, libertario, cristiano, musulmán, budista, hinduista, agnóstico.
La tarea incumbe a todos, incluso a quienes se califican como transhumanistas y a
aquellos cristianos que al perder la visión y dimensión comunitaria del ser y de la
vida, han sido arrastrados por la secularización relativista.








