La candidata Jeannette Jara, a medida que se acerca el día 14 de diciembre en
que se realizará la segunda vuelta de la elección presidencial, ha caído en una
suerte de desesperación que no logra ocultar tras su estudiada sonrisa
permanente.
A medida que avanza el proceso electoral, la candidata ha realizado una serie de
volteretas políticas y diversas performances que son dignas de mejor causa. A
tratado de minimizar su militancia comunista, presentándose como una verdadera
social demócrata; se ha presentado como una mujer del pueblo, olvidando que
forma parte de la elite política y social del país; en los foros, especialmente en el
de ARCHI recién realizado, adoptó una postura agresiva en contra de José
Antonio Kast y a través de internet, su publicidad miente descaradamente al
señalar que el triunfo de Kast implica la perdida de los derechos sociales de los
chilenos.
En su desesperación por acortar la diferencia que tiene según las encuestas, ha
publicado una lista de 200 intelectuales que la apoyan, que sin embargo suman
cero a su campaña, pues todos son reconocidos militantes del Partido Comunista
y de otros partidos de izquierda.
La desesperación – en política – es mala consejera. Impide reflexionar con
serenidad. Y en el caso de Jeannette Jara, le impide señalar con claridad los
principales aspectos de su programa de gobierno por dedicarse a desprestigiar la
campaña de su rival.
El 14 de diciembre, la ciudadanía podrá, con su voto, elegir a quien dirigirá los
destinos de nuestro país, entre una candidata que en todo momento ha tratado de
presentarse como lo que no es y un candidato serio y responsable que ha
expuesto con claridad los principales lineamientos de su programa presidencial.








