Por Jorge Heine
Ex embajador de Chile en China e India
NTV: Sr. Heine, durante las décadas de la Guerra Fría, Estados Unidos intervino en América Latina de una u otra manera para impedir que el comunismo se arraigara en la región. Pónganos al día: ¿Qué ha sucedido desde el fin de la Guerra Fría?
Jorge Heine: Después de la Guerra Fría, América Latina completo su transición hacia la democracia. A finales de los años ochenta y en los noventa, se aplicó el llamado Consenso de Washington, basado en los principios de apertura económica, desregulación y privatización. Esto también se conocía como TINA (en la sigla en inglés): la noción que no había alternativa al neoliberalismo. Sin embargo, eso no funcionó muy bien, llevando al auge de la izquierda y la llamada ola rosada, que surgió en Brasil en 2000 con Lula, en Chile con Ricardo Lagos y en Uruguay con el Frente Amplio. Allí, y en otros países, los gobiernos se enfocaron en una mayor justicia social y en reducir la pobreza. Dicho esto, en los últimos treinta años, América Latina se ha visto sujeta a la ley del péndulo, con fluctuaciones constantes entre la derecha y la izquierda.
Recientemente Usted publicó un libro titulado The Non-Aligned World : Striking Out in an Era of Great Power Competition (Polity Press, 2025) en el que usted y sus coautores describen las ventajas para los estados del sur de no alinearse con una de las grandes potencias, sino de permanecer no alineados, aplicando lo que Ustedes denominan un enfoque de No Alineamiento Activo. La Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos 2025 proclama una nueva versión de la Doctrina Monroe, según la cual Estados Unidos debe reivindicar una vez más su dominio en la región y contrarrestar la influencia de China. ¿Cuán independientes pueden ser realmente los países de America Latina?
El mundo atraviesa por un periodo muy difícil. Hemos tenido la peor pandemia en un siglo, todo tipo de desastres naturales, cambio climático, migraciones masivas, etc. Sin embargo, el meollo de la actual dinámica internacional está en la competencia entre Estados Unidos y China. América Latina se encuentra entre la espada y la pared. La nueva versión de no alineamiento que describimos es el No Alineamiento Activo, es decir, la búsqueda de un equilibrio en las reacciones con ambas grandes potencias. A menudo se describe a la región como dentro de la esfera de influencia de Estados Unidos, pero China ha desarrollado una presencia significativa en el siglo XXI. Para Sudamérica, China es el socio comercial más importante. Es por ello que planteamos que sería un gran error aliarse con cualquiera de las dos grandes potencias. Porque en el momento en que lo haces, pierdes toda influencia, todos los medios para ejercer presión. Ya no puedes negociar las mejores condiciones para tus proyectos de desarrollo.
¿Es esa la ventaja de su enfoque?
El mejor ejemplo de esto es Brasil. Estados Unidos presionó a Brasil para que pusiera fin al juicio contra el expresidente Jair Bolsonaro, condenado por intentar un golpe militar en enero de 2023. Brasil se negó. Como resultado, Estados Unidos impuso aranceles del 50 % a sus importaciones. Brasil se mantuvo firme, y a poco andar Estados Unidos redujo parcialmente los aranceles debido a la fuerte subida del precio del café y la carne de vacuno importados, lo que no sentó bien a los consumidores estadounidenses. El contraste con lo que la Unión Europea hizo más o menos al mismo tiempo, es notable. Mientras el presidente Lula se mantuvo firme, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, viajó al campo de golf de Trump en Escocia para negociar un acuerdo con Estados Unidos que termino siendo muy desfavorable para la UE.
La Casa Blanca sigue su propio camino, ignorando las instituciones internacionales que Estados Unidos estableció tras la Segunda Guerra Mundial. Tras la guerra de agresión a gran escala de Rusia contra Ucrania, algunos califican la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de EE. UU. como…
…¡la segunda Zeitenwende!
¿Qué importancia considera usted que tienen estas reorientaciones históricas?
Los considero muy importantes. Es una situación extraordinaria cuando Estados Unidos pretende derribar el orden internacional liberal, en cuyo establecimiento Washington desempeñó un papel clave: las Naciones Unidas, las instituciones de Bretton Woods, y la OMC, entre otras. En ese sentido, 2016 fue un año crucial. En junio, el Reino Unido votó a favor de abandonar la Unión Europea, y en noviembre del mismo año, Trump fue elegido presidente de Estados Unidos por primera vez. La convicción predominante en le trumpismo, como lo expresó el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, es que el sistema internacional no es simplemente un mal sistema sino que es malo para Estados Unidos. Esto es muy cuestionable. Estados Unidos es hoy día la mayor economía y la mayor potencia militar, por lejos. Pero esta es la situación en que nos encontramos.
La Casa Blanca vuelve a reclamar su dominio geopolítico en el hemisferio occidental, es decir, en las Américas. Trump aspira al Premio Nobel de la Paz, pero ha desplegado una fuerza militar masiva en Venezuela, posiblemente para iniciar una guerra. ¿No es eso altamente contradictorio?
La nueva Estrategia de Seguridad Nacional de EE. UU. sitúa al Hemisferio Occidental y a América Latina en el centro de su política exterior. El expresidente Barack Obama se centró en Asia, mientras que el expresidente George W. Bush libró la Guerra Global contra el Terrorismo, centrada en el Oriente Medio. Esta reorientación de prioridades podría considerarse como algo positivo, ya que América Latina enfrenta serias dificultades. Fue la región del mundo más afectada por la pandemia, con un 28 % de las muertes por Covid-19 a nivel mundial y apenas un 8% de la población. Sufrió también la mayor caída de su producto en 120 años, con una contracción del 6.6 % en 2020. La primera administración de Trump presionó a los gobiernos para que cancelaran varios proyectos de infraestructura vinculados a China. Y América Latina sigue siendo una de las regiones con la menor tasa de crecimiento.
¿A pesar del efecto yo-yo posterior?
Latinoamérica no se ha recuperado del todo de la crisis de hace cinco años. Por lo tanto, se podría pensar que la nueva prioridad de Washington tendría un impacto positivo si ayudara a la región a recuperar el crecimiento económico. Pero la triste realidad es que la atención de NSS25 se centra en lo que Estados Unidos puede extraer de Latinoamérica, más que en el desarrollo de la región. La estrategia de seguridad estadounidense menciona recursos minerales, tierras raras, y otros activos de la región, y la necesidad de Estados Unidos de asegurarlos para si. También menciona la necesidad de excluir, en esencia, a todas las empresas extra hemisféricas que trabajan en proyectos de infraestructura en Latinoamérica. Eso incluye no solo las de China, sino también las francesas, españolas y otras. Se centra por completo en las necesidades y prioridades de Estados Unidos y no en las de América Latina. Esto no está siendo bien recibido en la región.
Estados Unidos amenaza a Venezuela, ejerce presión diplomática sobre Brasil y apoya al presidente argentino, Javier Milei, con miles de millones de dólares antes de las elecciones legislativas. Se traduce acaso esto en una amenaza de: alinéense con nosotros o verán ?
Sí, se podría decir eso. Pero Estados Unidos llegó demasiado tarde. Washington ha tenido éxito con este enfoque en varios países centroamericanos, así como con Ecuador y Argentina. Sin embargo, China tuvo un comercio de 518 000 millones de dólares con Latinoamérica en 2024, 165 000 millones solo con Brasil y 60 000 millones con Chile. La noción de que esto se puede cambiar de la noche a la mañana no tiene ni pies ni cabeza. ¿Debería Brasil decirles a sus agricultores que no siembren soja? Eso no va a funcionar. El sector agrícola de varios países sudamericanos, no solo de Brasil, está orientado a vender a China. Pero Estados Unidos compite con Brasil y Argentina en los sectores de la soja y la carne de vacuno. Cuando a China EEUU le impuso altos aranceles, esta hizo lo mismo con EEUU y traslado su poder comprador a países como Argentina y Brasil.
La Estrategia de Seguridad Nacional también se centra en reducir los flujos migratorios hacia el norte y prevenir el narcotráfico. Esto suele lograrse mediante inversiones destinadas a mejorar las condiciones de vida de la población. China también financia infraestructura en América Latina a través de su Iniciativa de la Franja y la Ruta. En Perú, por ejemplo, se inauguró recientemente el puerto de hondo de calado de Chancay . ¿Está el gobierno estadounidense sobreestimando la capacidad y la disposición de sus empresas para invertir en América Latina?
La presencia de China en la región se debe a su crecimiento económico. El país es la segunda economía más grande del mundo, contribuyendo aproximadamente con el 19% del PIB mundial, en comparación con el 25% de Estados Unidos. China también tiene una tasa de ahorro muy alta, de un 40% del PIB. Este capital busca salida, ya que la tasa de retorno en China ha bajado debido a la gran inversión que ya se ha realizado allí. Estados Unidos y Europa están restringiendo la inversión china, por lo que las empresas chinas van a Latinoamérica, África y Asia. Al mismo tiempo, Estados Unidos se ha estado retirando gradualmente de Sudamérica en términos de comercio e inversión, dejando la puerta abierta a China.
¿Cómo se expresa esto?
En 2025 se dieron dos ejemplos notables. En Brasil, el fabricante chino de automóviles BYD abrió una fábrica de autos eléctricos en el estado de Bahía, en un antiguo parque industrial de la Ford Motor Company. Por su parte, otra empresa china, Great Wall Motors, se instaló en una antigua fábrica de Mercedes-Benz en el estado de São Paulo. China está ocupando espacios que han dejado las empresas estadounidenses y europeas.
¿Llega demasiado tarde el acuerdo de libre comercio entre la UE y el Mercosur? Nos encaminamos hacia casi tres décadas de negociaciones.
En este caso, diría: nunca es tarde. Pero sí, tanto Europa como Estados Unidos presionan constantemente a los gobiernos latinoamericanos, afirmando que deberían relacionarse más con Washington y con Bruselas y menos con China. Sin embargo, el movimiento se prueba andando, y en la práctica tanto EEUU como la UE demuestran poco interés en tratar los países latinoamericanos como interlocutores válidos. El mayor hito diplomático en el Hemisferio Occidental es la Cumbre de las Américas, que se celebra cada tres años. Su principal objetivo es que el presidente estadounidense se reúna con los líderes de América Latina y el Caribe. En 2025, por primera vez desde su creación hace 30 años, la cumbre, que estaba programada para realizarse en la Republica Dominicana, se pospuso, lo que básicamente significa que se canceló. Ello ocurrio debido a que Estados Unidos presionó sobre quién sería invitado y quién no, creando una situación insostenible. Y en el caso de la Unión Europea, está la Cumbre trienal UE-América Latina, que se celebró en Colombia en noviembre. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, estaba en Brasil en la COP30, y le habría sido muy fácil asistir por un día o dos a un evento en el cual ella era una de las protagonistas principales. Sin embargo, no asistió a ella, dando una señal muy clara acerca de sus prioridades. ¿Qué dice esto sobre el interés de la UE en América Latina? Estados Unidos y Europa han sido los dos socios principales de la de la región en materia diplomática, comercial y de inversión durante siglos. En el nuevo siglo, China irrumpe como un tercer socio, y pareciera estar tomando a la región bastante más en serio que otros.
Sr. Heine, usted fue ministro durante el gobierno del expresidente chileno Eduardo Frei y embajador en China durante el gobierno de la expresidenta Michelle Bachelet. ¿Cómo se percibe la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos en su anterior entorno profesional?
Existe una competencia entre Estados Unidos y China por ganarse el apoyo de los gobiernos y los pueblos de la region. Estados Unidos tiene muchas ventajas. Tiene una economía más grande, tiene lazos de mas larga data y de mucho mayro densidad, forma parte del mismo hemisferio y es más avanzado en ciencia y tecnología que China. Sin embargo ¿les va mejor en esta competencia? Mi percepción, y lo que dicen colegas en China y otros lugares, es que ello no necesariamente es así. El problema es que Estados Unidos sigue una estrategia de muchos garrotes y pocas zanahorias. Durante el primer mandato de Trump, el mensaje básico que trasmitían las autoridades estadounidenses durante las visitas oficiales era: Queremos que hagan menos negocios con China, y no queremos que construyan este puerto, este puente, ni que instalen este cable de fibra óptica. Ante ello, la respuesta de los interlocutores latinoamericanos era —: ¿qué ofrecen a cambio? La respuesta de los representantes estadounidenses era: no les estamos ofreciendo nada. Le estamos diciendo lo que deben hacer.
Eso no suena particularmente atractivo
Como es obvio, esta no es una estrategia diplomática que concite buena voluntad. Pone a los países latinoamericanos en una posición difícil. Estados Unidos no ofrece acceso preferencial al mercado estadounidense, carece de cooperación internacional significativa y no firma acuerdos de libre comercio. La entidad de ayuda humanitaria, USAID, ha sido cerrada. China, por otra parte, ofrece acceso a su mercado, y despliega proyectos tan ambiciosos como a la Iniciativa de la Franja y la Ruta. Muchos creen que, a mediano y largo plazo, todo esto beneficiará enormemente a China.








