En estos días se ha conocido un nuevo caso que remece nuevamente al más alto tribunal de justicia de nuestro país. Cuando habíamos estimado que el “caso Vivanco” había marcado un antes y un después en los casos que han remecido al Poder judicial, ha trascendido a la prensa que la ex ministra María Teresa Letelier habría realizado varias maniobras destinadas a obstaculizar una investigación por tráfico de influencias que la tiene como imputada.
La Fiscalía de Valparaíso, requirió a la ex ministra ya mencionada, la entrega de su aparato de teléfono celular como una prueba clave en una causa que se sigue en su contra por tráfico de influencias, prevaricación y violación de secretos. Sin embargo, la ex ministra no entregó su celular, aduciendo que se lo habrían robado en un asalto por sorpresa que habría sufrido. Incluso, lo que resulta increíble, la ex ministra formalizó la denuncia del “supuesto” robo ante Carabineros.
Sin embargo, de acuerdo a las investigaciones realizadas por la policía, el supuesto asalto nunca habría ocurrió. La policía constató además: que en el lugar en que la ex ministra señala que habría ocurrido el asalto, las cámaras del sector no registran ningún hecho parecido; que el conserje del edificio en que vive la ex ministra en Providencia, declaró que ella no abandonó su domicilio en el día y lugar en que habría ocurrido el supuesto asalto y finalmente la policía descubrió que el chip del teléfono de la ex ministra fue traspasado al celular de su hija, que hoy por hoy, es una ministra de la Corte de Apelaciones de Rancagua. En fecha posterior, en un allanamiento, la policía se recuperó el equipo, el que está siendo actualmente periciado.
La Brigada de Investigación Criminal (Bicrim) de la PDI entregó un informe contundente que desarmó la historia expuesta por la ex ministra, con el objeto de no entregar su equipo celular u obstruir el funcionamiento de la justicia.








