Por Jorge Varela
Analista politico
El triunfo de José Antonio Kast en Chile significa -según se ha escrito- el iniclo de “un proyecto político inspirado en los principios del denominado ‘conservadurismo fusionista’ expuesto por el filósofo estadounidense Frank Straus Meyer” -autor de “En Defensa de la Libertad”- a mediados del siglo XX; una visión que combina liberalismo con tradicionalismo, entendido éste como idea virtuosa de orden moral que el Estado no debiera coaccionar. Es una síntesis que ha sido calificada de ‘extrema derecha’ por la izquierda radical para asimilarla a los movimientos populistas europeos que adscriben a dicha raíz ideológica. La propuesta de Kast responde a una sociedad diferente que demanda ley, orden, libertad individual y responsabilidad macroeconómica, señala Lorenzo Bernaldo de Quirós, (artículo publicado en “El Economista”; España, 2 de enero de 2026)
Estancamiento y erosión institucional
La victoria de esta nueva derecha chilena llega en medio de un paisaje marcado por una década de estancamiento y erosión institucional. Kast ha asumido el poder en una nación afectada por un fuerte déficit fiscal, un incremento escandaloso de la burocracia, un deterioro sin precedentes de los servicios públicos y una inédita crisis de seguridad, donde el crimen organizado y la porosidad en las fronteras han deteriorado la soberanía del Estado. Ante este escenario de retroceso económico y desorden social, el nuevo mandatario plantea restaurar los pilares que hicieron posible el llamado ‘milagro chileno’: vigencia inflexible del Estado de Derecho, disciplina macroeconómica y libre empresa.
Libre empresa y Estado
La columna vertebral del proyecto de Kast en el plano económico, es el capitalismo de libre empresa y el rechazo a formas añejas de estatismo. Su plan reside en la defensa de la propiedad y de la iniciativa privada, en la convicción de que ambas son eficaces para crear riqueza, empleo y promover movilidad social. En coherencia con esta visión, su programa se sustenta en una disminución del tamaño del Estado chileno, convertido en una estructura parasitarIa de la energía creadora de los ciudadanos.
Su propuesta consiste en reducir los impuestos para estimular el trabajo, el ahorro y la inversión, devolviendo facultades a quienes realmente generan valor: las personas; se trata de objetivos respaldados por una estrategia presupuestaria, basada en el recorte del gasto público para asegurar la solvencia de las finanzas públicas. Esta disciplina fiscal ha de ser acompañada por una política que incentive la estabilidad de la moneda y controle la inflación. Kast busca restaurar la prosperidad mediante el principio de subsidiariedad, cuya aplicación implica que el Estado no compite con el sector privado ni lo sustituye innecesariamente; su labor es intervenir allí donde la sociedad no puede llegar.
Para comprender el posicionamiento de Kast es fundamental trazar una línea divisoria entre su ideario y el de la derecha nacional-populista europea. Kast es un paladín del liberalismo económico. Mientras los populistas europeos abogan por una defensa chovinista del Estado de Bienestar y son proteccionistas, Kast favorece la globalización. Su crítica no se dirige contra el libre comercio, sino contra la interferencia política en los flujos de capital. “Su modelo es el del Estado mínimo, lejos de la concepción del Estado social y nacional de la extrema derecha europea, que comparte con la izquierda una desconfianza atávica hacia el mercado”.
Seguridad y ejercicio de la libertad
La política de seguridad de Kast está concebida cómo garantía básica para la preservación de la vida y propiedad de todos los ciudadanos. Esta visión basada en el uso legítimo de la fuerza por parte del Estado, consiste en fortalecer a Carabineros, Policía de Investigaciones, Gendarmería y a las Fuerzas Armadas mediante un estatuto de protección constitucional y legal que determine objetivos concretos y precise áreas de acción. Desde un enfoque institucional y operativo el orden público es fundamental para el ejercicio de la libertad.
La apuesta por la mano firme es imprescindible para el desarrollo económico libre, justo y eficaz: no puede haber crecimiento si el Estado es incapaz de garantizar la seguridad de la sociedad. Su fundamento se centra en la eficacia de la ley. El castigo para quien viola la norma jurídica es la base del contrato social, ese que dispone que el Estado ha de ejercer sus funciones en el marco de la separación de poderes y la sujeción irrestricta al marco constitucional, rechazando la seducción totalitaria.
Conservadurismo social y valores
En el orden valórico Kast se ubica en el conservadurismo social. Para él, “la familia es la institución fundacional que precede al Estado”, pero entiende que habita en una sociedad plural sujeta a regulación. En un ejercicio de realismo democrático, su estrategia ha evolucionado hacia la persuasión y el apoyo positivo, promoviendo el fortalecimiento de la adopción y el acompañamiento a la maternidad vulnerable en lugar de la reversión punitiva del marco legal existente.
Esta distinción es crucial. Kast representa una derecha que defiende sus concepciones en el debate cultural, pero respeta la existencia de valores de la sociedad civil. “No es el reaccionario que busca volver al pasado por decreto, sino el conservador que protege las instituciones intermedias frente al constructivismo progresista”. (artículo citado)
Breve síntesis
La victoria de Kast simboliza pues, la irrupción de un sector que, tras años de tibieza de la centroderecha tradicional, ha encontrado una voz firme y clara para emprender la recuperación de Chile bajo la premisa de que no hay progreso sostenible sin ley, ni seguridad verdadera en un Estado que eluda proteger a todos sus ciudadanos y preservar el bien común. Su énfasis en lo relacionado con orden público, disciplina macroeconómica y libertad con seguridad, constituye una respuesta contundente a la crisis que atraviesa el país.
En las “Bases Programáticas” de su candidatura se comprometió a “levantar un gobierno de acción y de propósito, que marque un antes y un después, apoyándose en tres pilares sólidos: recuperar el orden y la autoridad; reimpulsar el progreso económico y el trabajo; y restaurar la libertad, dignidad y justicia para todos los chilenos”. (documento “La Fuerza del Cambio”)
Es lo que esperamos, con fe y confianza en el futuro.








