El reciente informe de la Asociación Nacional Automotriz de Chile (ANAC) ha puesto en
evidencia una realidad alarmante en el mercado de camiones: una caída del 21,1% en las
ventas durante el 2023, con solo 12.650 unidades comercializadas. Este dato no es solo
una cifra aislada, sino un síntoma claro de la delicada situación económica que atraviesa
nuestro país.

Por otra parte, la distribución de ventas muestra una preferencia hacia los camiones
pesados, aunque este segmento no ha sido inmune y también ha experimentado una
tendencia decreciente. Junto con ello, la situación se agrava al considerar que este declive
no se limita a los camiones, sino que permea a todo el mercado automotriz, incluyendo
vehículos livianos y medianos.
La ANAC proyecta una leve recuperación para 2024, pero incluso esta esperanza viene con
una advertencia: un crecimiento estimado de apenas un 2%. Este panorama no solo refleja
la inestabilidad económica, sino también los obstáculos en la adquisición de vehículos
nuevos, exacerbados por la falta de capital y las dificultades para acceder a financiamiento
bancario.
Así, es importante destacar que esta situación afecta no solo a los transportistas y dueños
de flotas, sino también a la distribución de bienes y servicios en todo Chile. La crisis
económica, inestabilidad política, derrumbe del sector de la construcción y la ausencia de
nuevos proyectos, son factores que solo contribuyen a profundizar este escenario
desalentador.
Por eso, es importante entender y asumir que la crisis en el mercado de camiones no es
solo un problema de un sector, sino un reflejo de desafíos económicos más amplios, que
requieren soluciones urgentes. Y, en este sombrío escenario, tenemos que leer un poco
más allá y notar que la caída en las ventas de camiones es una llamada de atención para
todos los actores involucrados, donde es imperativo que el gobierno, organismos y actores
competentes trabajen juntos para encontrar nuevos caminos que permitan superar estos
obstáculos, no solo para revitalizar el mercado de camiones, sino para fortalecer la
economía chilena en su conjunto.
Creo interpretar a muchos (as) al recordar que lo primero que uno siente, y luego dice, al
escuchar estas noticias es: ¡Hasta cuándo! ¡Tenemos que hacer algo! Y es así. Hoy, la
recuperación es posible, pero requiere de un esfuerzo conjunto y de una visión que vaya
más allá de las soluciones tradicionales. Ya nos dimos cuenta de que haciendo lo mismo la
situación no va a cambiar, en nada. Y, de hecho, puede seguir empeorando.
El momento de los discursos ya pasó, hoy es el momento del hacer. Es no pensarlo mucho
y decir. ¿Cómo ayudamos? Pero este “ayudamos” no basta que lo haga uno, lo debemos
hacer todos, cada uno de los involucrados. ¡Dejar los intereses personales de lado y actuar!
O, de lo contrario, nos sentamos a seguir viendo que noticias como esta sigan surgiendo y
se destruya un sector, el de los transportistas, al que le debemos mucho, pero del que
pocos se acuerdan.
No estoy dispuesto a dejar que esto pase y estoy convencido de que somos muchos los que
no lo estamos.