En 2020, en momentos en que los países latinoamericanos
enfrentaban el triple desafío de la pandemia de COVID-19, un
shock económico global y las políticas de la primera
administración Trump, Jorge Heine, profesor de la Universidad
de Boston y ex embajador de Chile, en asociación con dos
colegas, Carlos Fortín y Carlos Ominami, propuso la noción de
No Alineamiento Activo.
Cinco años después, dado el auge del Sur Global y la
fragmentación del orden internacional, este enfoque de política
exterior es más relevante que nunca, alentando a los países a
reevaluar sus relaciones tanto con Estados Unidos como con
China.
Esto llevó a Heine, junto con Fortin y Ominami, a extender y
ampliar sus planteamientos originales en un nuevo libro, EL
MUNDO NO ALINEADO, publicado en junio de 2025.
The Conversation habló con Jorge Heine sobre lo que hay tras
este resurgimiento del No Alineamiento Activoi y hacia dónde
puede conducir.Por la importancia de los conceptos planteados
por el profesor Heine, El Cordillerano (wwwelcordillerano.cl) los
reproduce a continuación:
Para aquellos que no están familiarizados, ¿ la en que
consiste el No Alineamiento Activo?
El No Alineamiento Activo (NAA) es un enfoque de política
exterior en el cual los países ponen sus propios intereses en
primer plano y se niegan a tomar partido en la rivalidad entre
Estados Unidos y China.
Se inspira en el Movimiento de Países No Alineados (NOAL) de
las décadas de 1950 y 1960, pero lo adapta a las realidades del
siglo XXI. El Sur Global emergente actual es muy diferente del
Tercer Mundo que conformó NOAL. Países como India, Turquía,
Brasil e Indonesia tienen mayor peso económico y recursos. Por
lo tanto, tienen más opciones que en el pasado.
Pueden adoptar políticas que se ajusten a sus intereses
nacionales. Y, dado que existe una competencia entre
Washington y Pekín para ganarse el apoyo de estos países, ello
les abre todo un abanico de mayores alternativas.
La literatura tradicional sobre relaciones internacionales sugiere
que, en las relaciones entre naciones, se puede “contrarrestar”,
es decir, adoptar una postura firme contra otra potencia, o
“seguir la corriente”, es decir, acatar los deseos de dicha
potencia. La noción predominante era que los Estados más
débiles no podían contrarrestar a las grandes potencias porque
carecían del poder militar necesario para ello, por lo que debían
seguirles la corriente.
Lo que nosotros decimos en este libro es que existe un enfoque
intermedio: la cobertura. Los países pueden cubrir sus apuestas
o usar tácticas ambiguas enfrentando a una potencia contra la
otra. Así, en algunos temas se está del lado de EE. UU. y en
otros del lado de China.
Por lo tanto, la gran estrategia del no alineamiento activo es
“tantear el terreno”, es decir, buscar oportunidades en el entorno
internacional. Esto implica estar constantemente atento a
ventajas potenciales y recursos disponibles en este entorno; en
otras palabras, ser activo, en lugar de pasivo o reactivo.
En esos términos, , más que un movimiento, el no alineamiento
activo es una doctrina.
Han pasado cinco años desde que se les ocurrió la idea del
No Alineamiento Activo ¿Por qué pensaron que era hora de
retomarla ahora?
La noción de No Alineamiento Activo surgió durante el primer
gobierno de Trump, en el contexto de una América Latina
golpeada por el triple golpe de la presión estadounidense, la
pandemia y la consiguiente recesión, que en América Latina se
tradujo en la mayor caída del PIB regional en 120 años: un 6,6%
en 2020.
ANA nació como una guía para que los países latinoamericanos
pudieran navegar esos momentos difíciles y nos llevó a la
publicación de un volumen colectivo con capitulos de seis
excancilleres latinoamericanos en noviembre de 2021, en el que
profundizamos en el concepto.
Tres meses después, con la invasión rusa de Ucrania y la
reacción de muchos países de Asia y África, el no alineamiento
se reinstalo “con tutti” en la política internacional.
Países como India, Pakistán, Sudáfrica e Indonesia, entre otros,
adoptaron posturas contrarias a las de Occidente respecto a
Ucrania. Muchos de ellos, aunque no todos, condenaron la
agresión rusa, pero tampoco querían participar en las sanciones
occidentales contra Moscú. Estas sanciones fueron vistas como
injustificadas y una expresión del doble rasero occidental. Desde
luego, en 2003, nadie llamo a sancionar a Estados Unidos por
invadir Irak.
Y luego se produjeron los ataques de Hamás contra Israel el 7
de octubre de 2023 y la consiguiente guerra en la Franja de
Gaza. Los países del Sur Global condenaron enérgicamente los
ataques de Hamás, pero la respuesta de Occidente a la
posterior muerte de decenas de miles de palestinos puso de
manifiesto el evidente doble rasero en materia de derechos
humanos internacionales.
¿Por qué los palestinos no merecían la misma compasión que
los ucranianos? Para muchos en el Sur Global, esa pregunta
puso el dedo en la llaga, e hizo obvio que para muchos « la
defensa de los derechos humanos se limita a los de los
europeos y a quienes se les parecen, y a nadie mas».
Así, Sudáfrica presentó una demanda contra Israel ante la Corte
Internacional de Justicia alegando genocidio, y Brasil encabezó
los esfuerzos de alto el fuego en las Naciones Unidas.
Una tercera expresión del auge del Sur Global ha sido la
expansión del grupo de los BRICS, a partir de sus cinco
miembros originales (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) a
10. Si bien China y Rusia no son miembros del Sur Global, los
demás miembros fundadores sí lo son, y el grupo BRICS ha
impulsado temas clave en la agenda del Sur Global. La
incorporación de países como Egipto y Etiopía ha significado
que el BRICS se ha convertido cada vez más en un foro para el
Sur Global. El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva,
uno de los principales impulsores del BRICS, está interesado en
impulsar esta agenda del Sur Global.
Estos tres acontecimientos han hecho que el No Alineamiento
Activo sea más relevante que nunca.
¿Cómo están respondiendo China y Estados Unidos al no
alineamiento activo? ¿O no lo están haciendo?
Te voy a dar dos ejemplos: Angola y Argentina.
En Angola, el país africano que ha recibido la mayor
cooperación china (45.000 millones de dólares), Estados Unidos
hoy esta financiando el llamado Corredor de Lobito, una línea
ferroviaria que se extiende desde la frontera oriental de la
República Democrática del Congo hasta la costa atlántica de
Angola.
Hace diez años, la noción de que Estados Unidos financiaría
proyectos ferroviarios en el sur de África habría sido
inimaginable. Sin embargo, ha ocurrido. ¿Por qué? Porque
China ha construido importantes líneas ferroviarias en países
como Kenia y Etiopía, y Estados Unidos se dio cuenta de que se
estaba quedando atrás.
Durante mucho tiempo, Estados Unidos denuncio los proyectos
de infraestructura financiados por China a través de la Iniciativa
de la Franja y la Ruta, calificándolos de meros instrumentos de
una “diplomacia de endeudamiento”, diseñados para “acachar” a
los países en desarrollo con “elefantes blancos” innecesarios.
Pero hace un par de años, la situación cambió: Estados Unidos
y Europa se dieron cuenta de que existe un gran déficit de
infraestructura en Asia, África y Latinoamérica, que China
estaba contribuyendo a reducirlo, y que las potencias
occidentales brillaban por su ausencia en la materia.
En resumen, Occidente cambió su enfoque y países como
Angola ahora pueden enfrentar a Estados Unidos contra China
en defensa de sus propios intereses nacionales.
Tomemos el caso de Argentina. En 2023, Javier Milei fue
elegido presidente con una fuerte postura anti China. Aseguró
que su gobierno no tendría nada que ver con Beijing. Pero tan
solo dos años después, Milei anunció en una entrevista con The
Economist que es un gran admirador de Beijing.
¿Por qué? Porque Argentina tiene una alta deuda externa, y
Milei sabía que continuar en su postura anti-China ignificaría
que la línea de crédito de Pekín no se renovaría. El presidente
argentino estaba bajo presión del Fondo Monetario Internacional
y Washington para que dejara caducar la línea de crédito con
China, pero Milei se mantuvo firme y logro su objetivo.
Milei es un conservador populista; Lula, en Brasil, es de
izquierda. Entonces, ¿es el no alineamiento activo inmune a
las diferencias ideológicas?
Absolutamente. Cuando me preguntan cuál es la diferencia
entre el no alineamiento tradicional y el no alineamiento activo,
una de las cosas más obvias es que este último no es
ideológico: puede ser utilizado por personas de derecha,
izquierda y centro. Es una guía para la acción, una brújula para
navegar en un mundo altamente conflictivo, y puede ser
utilizado por gobiernos de muy diversas ideologías.
El libro habla mucho sobre la fragmentación del orden
basado en reglas. ¿Hacia dónde cree que se dirige?
El orden internacional liberal que rigió la política mundial entre
1945 y 2016 ha llegado a su fin. Algunos de sus principios
fundamentales, como el multilateralismo, el libre comercio y el
respeto al derecho internacional y a los tratados internacionales
vigentes, se han visto gravemente socavados.
Nos encontramos en una etapa de transición. La noción de
Occidente como entidad geopolítica, tal como la conocíamos, ha
dejado de existir. Nos encontramos en una situación
extraordinaria: fuerzas antiliberales en Hungría, Alemania y
Polonia, entre otros lugares, reciben el apoyo de quienes
ostentan el poder tanto en Washington como en Moscú.
Y esta decadencia de Occidente no se debe a un declinar
económico (Estados Unidos todavía representa alrededor del
25% del PIB mundial, como en 1970), sino a la ruptura de la
alianza transatlántica.
Así, nos encaminamos hacia un tipo de orden mundial muy
diferente, en el que el Sur Global tiene la oportunidad de
desempeñar un papel mucho más significativo, especialmente si
adopta una postura de no alineamiento activa.
¿Qué papel han desempeñado los acontecimientos desde la
toma de posesión de Trump en su argumento?
La noción de No Alineamiento Activo surgió a raíz de la presión
ejercida por el primer gobierno de Trump sobre los países
latinoamericanos. Las medidas adoptadas durante el segundo
gobierno de Trump —los aranceles impuestos a 90 países de
todo el mundo; la salida de Estados Unidos del Acuerdo de
París sobre el cambio climático, la Organización Mundial de la
Salud y el Consejo de Derechos Humanos de la ONU; y otras
políticas de “Estados Unidos Primero”— no han hecho más que
subrayar la validez del No Alineamiento Activo como enfoque de
política exterior.
Las presiones sobre los países del Sur Global son muy fuertes,
y existe la tentación de ceder ante Trump y alinearse con
Estados Unidos. Sin embargo, todo indica que simplemente
ceder a las exigencias de Trump no es una receta para el éxito.
Los países que han optado por ceder a las exigencias de Trump
solo enfrentan más exigencias después.
Los países necesitan un enfoque diferente, y este se puede
encontrar en la no alineación activa.








