La película “La ladrona de libros” se desarrolla en la época nazi, en Alemania. En ella, la pequeña protagonista es exigida para que arroje libros a una hoguera de libros para así demostrar su lealtad al nazismo. No obstante, ella no ve con buenos ojos dicha quema y al final de ésta, cuando todos se retiran, logra recuperar un libro, todavía humeante.
Recordamos lo anterior a propósito de que en el penal de Punta Peuco, por una decisión arbitraria de Héctor Labrín, Director de Gendarmería de la Zona Metropolitana, ordenó al Alcaide Vásquez del penal, eliminar, esto es botar, al peor estilo nacista, la precaria biblioteca que con gran esfuerzo habían habilitado los internos con ayuda de sus familiares y amigos.
Este hecho, que ha circulado profusamente en las redes sociales ha causado asombro en las miles de personas que aman los libros.
Esa pequeña biblioteca le permitía a los internos poder entretenerse – hecho que podría ayudar a su rehabilitación – ha sido desmantelada por una decisión administrativa que mucho tiene de venganza y estilo nacista. El funcionario que dio esta orden absurda debe odiar los libros o estar cegado por el odio, pues de otra manera no se entiende una decisión tan odiosa y desafortunada.
Es de esperar que las nuevas autoridades de gendarmería, que asumirán en marzo próximo, permitan a los internos rearmar una biblioteca que les permita entretenerse. Eso es una medida de reinserción, que debería ser el norte que guie a las autoridades de Gendarmería.








