El agobiado Presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez acaba de
convocar – para mantenerse durante ocho años como presidente gobiernos
minoritarios – a elecciones generales para el 29 de noviembre, antes de lo
previsto. Es, según todos los analistas una apuesta desesperada pero también
esperada. Sánchez quiere aprovechar, la ola de indignación generada por el
desahucio de una anciana, fruto de la crisis de la vivienda que vive el país.
Sánchez, es el último referente importante de la izquierda en la Unión Europea.
El desafío que enfrenta el gobernante español es mayúsculo, pues las encuestas,
permanentemente le han sido adversas. Según las encuestas de opinión existe
un apoyo mayoritario a la oposición de derecha conformada por Vox, un partido
populista de ultraderecha y el Partido Popular, un partido de centro derecha. El
gobierno de Sánchez tiene múltiples problemas: gestionó mal la oleada migratoria
procedente de Marruecos hacia el enclave español de Ceuta en julio; Varios
dirigentes del Partido Socialista (PSOE) enfrentan a cargos de corrupción; su
esposa se enfrenta a un juicio por tráfico de influencias y otros problemas que le
agobian constantemente.
Sánchez desempolvó –para enfrentar de mejor manera el proceso electoral – un
proyecto de decreto de emergencia de vivienda que habría prohibido los
desahucios de personas “vulnerables” hasta 2030, prorrogado los contratos de
alquiler existentes e impedido que los “fondos buitre” (es decir, los grandes
propietarios) compraran propiedades ya existentes, en ambos casos hasta 2028.
Esta protege a los inquilinos actuales, pero han provocado una disminución de la
oferta de viviendas de alquiler. El decreto fue rechazado por un estrecho margen
en el Parlamento el 2 de octubre, cuando Junts, un partido nacionalista catalán
que representa a la clase media, se unió a otros partidos de derecha para votar en
contra.
Si pierde Sánchez la elección, la izquierda perderá a uno de sus pocos referentes
que aún gobiernan en Europa.








