El ganador de las elecciones, escribe Other News, “viene del propio entorno de poder que ahora derrota. Fue parte de ese universo político hasta romper con Orbán en 2024. Esa condición de ex insider le ha permitido golpear al régimen con un conocimiento interno que pocos podían tener. Ha sabido presentarse como vehículo de cambio ante una parte muy diversa del electorado, incluso entre personas que no comparten plenamente su perfil ideológico, pero que sí entendieron que era la única opción real para desalojar a Orbán.

Su victoria no elimina, sin embargo, los enormes desafíos que tiene por delante. Ganar es una cosa; desmontar un aparato de poder incrustado en las instituciones es otra muy distinta. Orbán deja una estructura profundamente intervenida, con lealtades administrativas, mediáticas y económicas tejidas durante años. Hungría no va a resetearse por arte de magia. El nuevo Gobierno tendrá que enfrentarse a un sistema lleno de resistencias, resortes heredados y posibles intentos de sabotaje político y narrativo”.