Por Jorge Varela
Analista politico
Las izquierdas chilenas -tanto la generacional-identitaria como la
tradicional-clasista-proletaria, la nueva y la vieja-, están tremendamente
conmocionadas por el resultado de la reciente elección presidencial. Sus
dirigentes no logran aún reponerse del fuerte mazazo que los tiene
atolondrados y caídos, “oyendo canto de pajaritos” a su alrededor. Los que
yacen en el suelo no se explican cómo “el progresismo no progresa”.
Podrían transcurrir meses y meses antes de que atinen a elaborar un
relato serio y coherente que les permita ahuyentar sus pesadillas y
tranquilizar sus nervios alterados.
Algunos presintieron que vendría la debacle, -una más en el listado de
derrotas y fracasos de los últimos años-, otros se engolosinaron con la
posibilidad de continuar montados sobre la estructura superior de poder.
Orígenes del descalabro
¿Dónde buscar el origen del descalabro?: ¿en la pérdida de autenticidad y
consecuencia? ¿En la adopción de estrategias equivocadas? ¿En el
wokismo necio que atrapó a la izquierda? ¿En el exceso de pluralismo
atolondrado? ¿En la conjunción de arrogancia e ignorancia? ¿En la
amalgama de inconsciencia y desidia? ¿En la carencia de nivel ético? ¿En
el exceso de grasa burocrática-partidaria? ¿En el contagio emanado de la
corrupción que exhala el poder? Podríamos seguir señalando causas, pero
el afán es no escarbar con morbo las entrañas del ente sufriente.
Inicio del estado de confusión
¿Será que la idea de enterrar al neoliberalismo y refundar
institucionalmente el país obnubiló a casi todos los dirigentes de izquierda?
Esa fue la idea-mágica propuesta por varios de sus intelectuales, -sobre la
cual se inspiró la barbarie del 18 de octubre de 2019 y el proyecto
constitucional rechazado el 4 de septiembre de 2022. Fue el denominado
“otro modelo” de Fernando Atria y compañía, ensayo que se convirtió en
una especie de biblia del cacareado “progresismo”, propagado
insistentemente con gran despliegue comunicacional -como si fuera el
nuevo evangelio de la época-, a partir de julio de 2013. En la redacción de
este libro estuvieron comprometidos dos economistas demócrata-cristianos
y participaron en su lanzamiento Carolina Tohá e Ignacio Walker. No son
meras conjeturas, son hechos.
Lo expuesto no es baladí. Para la elite del “octubrismo zorrón” frente-
amplista que no representa a todas las izquierdas, el estado de confusión
particular que la invade no es equiparable a la frustración temporal de los
comunistas, ni similar a la situación del socialismo que oscila entre
posturas social-demócratas y su carga histórica de marxismo-leninismo-
allendista; ni es el mismo síndrome depresivo-convulsivo que padece el
resto de la izquierda radical y los grupos anarquistas.
No obstante, a pesar de que estos dolores y padecimientos colectivos
admiten diversidad de causas y distintos grados de intensidad, si los
jerarcas controladores de la integridad y buena salud de estos cuerpos
enfermos no están dispuestos a internarse y someterse a terapias
sanadoras, -asumiendo sus responsabilidades directivas-, será muy
complejo que ellos y sus equipos vuelvan a caminar con agilidad y
prontitud.
Error histórico del progresismo
¿Podrán las izquierdas chilenas cobijadas bajo posturas “progresistas” o
wokistas hacerse una autocrítica interna auténtica, sin resentimientos?,
cuando la debacle reciente las tiene descompuestas, sin capacidad
racional de reflexión. ¿Estarán en situación de mirar de frente el significado
de este último fracaso? Recuérdese que hasta el momento han guardado
silencio sobre su participación violentista durante el estallido de octubre de
2019.
Javier Sajuria, director de “Espacio Público”, ha escrito que el progresismo
desde una perspectiva constructiva, debiese efectuar un doble proceso
reflexivo: comprender cuál es el rol que cumplieron (sus jerarcas) durante
el estallido y lo que ocurrió, e insistir en que las condiciones que llevaron al
estallido continúan presentes, aunque aplastadas por evidentes síntomas
de inseguridad. “La pregunta por responder es cómo canalizarlas sin caer,
de nuevo, en la violencia”. “Por último, es importante no caer en el
pesimismo insalvable”. Según él, “gran parte de las agendas que defiende
el progresismo están vigentes”. Sostiene que “dichas agendas se verán
amenazadas.…y se requiere una oposición despierta y hábil”. (artículo
“Reagrupamiento”, “La Tercera”, 15 de diciembre de 2025)
El gran desafío: reconquistar relevancia
Si la izquierda optare resueltamente por la vía social-demócrata necesitará
flujos abundantes de dignidad ética, de lucidez mental y mucha capacidad
creativa, para no quedar fuera de la real-realidad. Sus actitudes
destempladas y torpes debiera reemplazarlas por acciones sensatas y
humildes. El viejo, ajado y contaminado tronco del Partido Socialista podría
recuperar su vitalidad disminuida si es que su dirigencia se propusiera
seguir la trayectoria señera de figuras históricas como Eugenio González y
Aniceto Rodríguez, ejemplos de concepción política humanista-
democrática sabia, proyectada en función del ciudadano pacífico que
anhela trabajar en un país digno, seguro, para sentirse siempre libre y
respetado.
A los seguidores del Frente Amplio y a los camaradas comunistas adictos
a su propia rigidez ideológica-estratégica, será mejor no menearlos;
cualquier sugerencia foránea bien intencionada podría parecerles
desechable, inadecuada, extemporánea y de índole derechista
contaminante. Respecto a los grupos anarquistas habrá que prevenir sus
recurrentes incursiones terroristas, debido a su reconocido fanatismo
insurreccional.
El principal desafío de las izquierdas consiste pues, en reconfigurarse a
partir del espíritu de la democracia, en desechar las consignas, en
reconquistar la decencia y relevancia perdidas, -tanto política como moral-;
en entender que la ciudadanía sabe cómo percibir, distinguir y decidir
aquello que el país requiere cuando la oscuridad ideológica amenaza con
apagar el horizonte común.








