Por Jorge Varela
Analista politico

Cándida es el adjetivo con que se denomina a aquella persona inocente, ingenua, candorosa, fácil de engañar, que no tiene malicia, que quizás no sea astuta. La toga candida era la vestimenta blanca -extremadamente brillante-, con la que debía presentarse ante la asamblea romana el (la) aspirante a un cargo público, una vez superados los controles morales al que era sometido. De este modo se convertía en candidato (aspirante) que podía ser elegido por votación.

La historia es sabia
La historia de la humanidad está llena de cándidos(as) y candidaturas fallidas. A veces la pura legitimidad social, cultural, ideológica, -como fundamento-, no basta para lograr la meta y coronarse triunfador de una competencia. Lo que podría ser la culminación exitosa de la ruta elegida -o un gran premio cuando se llega a la cumbre-, es también una posibilidad cierta de resbalar, de rodar y caer de bruces al suelo duro de lo real.
La contingencia negativa que impide alcanzar el sitial de poder que se persigue -con pasión y ardor- durante la travesía por la vida y el mundo se encuentra a la vuelta de cada esquina, esperando que oscurezca luego de la puesta de sol al final del día. El desencanto es parte de la existencia. Por ello, como competidor(a) es aconsejable ser prudente y cauteloso, antes de decidir los pasos siguientes. Retroceder puede ser lo más inteligente, siempre que el equipo acompañante de preparadores, cuidadores y directores, actúe racionalmente y postergue los intereses estratégicos grupales y particulares, abandonando los goces personales de sus miembros.

Ojo con los cuidadores
Se conoce casos de cuidadores que utilizan la imagen y posicionamiento de sus pupilos predilectos para subir a escenarios a los cuales les sería complicado acceder y así lograr ventajas inmerecidas.
Esta mezcla de ambiciones, alucinaciones, porfía y manipulación adquiere connotaciones gravísimas al constituir parte de una ultima embestida delirante proveniente de sectores derrotados, insertos en un esquema que mantiene cuotas de poder y nexos ideológicos con el aparato gubernamental-ejecutivo. Es una escaramuza sucia -muy al estilo Frente Amplio- que cuenta con la complicidad del decaído socialismo democrático, destinada a evitar la ruptura de la unidad de la izquierda o al menos, morigerar su notoria fragmentación. El objetivo infame que se oculta al ciudadano y no tiene una pizca de patriotismo, consiste en aferrarse como cefalópodos a todo organismo apetitoso -nacional o internacional-, infiltrarlo hasta donde fuere posible, alimentarse de él, succionar sus recursos -disfrutar-, y seguir reteniendo poder hasta que el hartazgo reviente sus panzas y la opinión pública despierte al escuchar tal estruendo.

Una candidatura que no es de Estado
El conocido periodista Tomás Mosciatti se ha referido en términos duros a las perspectivas de la -hasta ahora-, candidatura oficial chilena a la Secretaría General de la Organización de Naciones Unidas patrocinada por el gobierno de Gabriel Boric -todavía en ejercicio-, y ha preguntado si ésta es una candidatura de Estado y su respuesta contundente es: “No”. “Es una decisión adoptada por Gabriel Boric que él intenta imponer a todos los demás”. “No es una candidatura de Estado, es una candidatura de gobierno”. (En paréntesis: ¿a usted le han consultado su opinión?)
Mosciatti sostiene además, que plantearla “es una manifestación de decadencia de la ONU” y si fuere electa sería la constatación de eso”. “Pero más allá de las ilusiones, de los ensueños, de las fantasías”,…“sería una anomalía que una admiradora hasta hoy de Fidel Castro o del régimen comunista de Alemania Oriental tenga alguna posibilidad”. Después de agregar que “sus posibilidades son escasas”, concluye señalando que “no sabe cuándo (la candidata) se dará cuenta que está siendo usada”. (Comentario “De Boric queda poco”, radio “Bio-Bio”, 7 de febrero de 2026)
En definitiva, la candidata propuesta no sería la indicada. Ojalá ella pudiera reflexionar que se trata de una propuesta imperfecta elaborada de modo perverso por personajes de izquierda que la postulan y respaldan como su principal lideresa contemporánea, y esté en situación de deducir que no es momento para el objetivo soñado, aunque sus hinchas amenacen con destruir las butacas e incendiar las instalaciones del estadio.