Por Jorge Varela
Analista politico

La actividad política en Perú, Argentina, Brasil, Chile o China, requiere que sus actores estén en
conocimiento amplio y fundado de la realidad contingente antes de determinar el contenido y
naturaleza de una resolución, acción o comunicado específico, para definir enseguida el momento
de su anuncio; entre otras exigencias básicas e ineludibles. Una de éstas consiste en la vigencia
estricta de un orden jurídico que garantice la libertad de expresión plena, el ejercicio legítimo del
derecho bifronte a informar y a ser informado sin limitaciones arbitrarias, y el resguardo de las
garantías individuales de quienes integran el cuerpo social. El órgano responsable de cumplir esta
función -inserto en una estructura comunicacional activa, -eficiente y responsable- es clave y
fundamental, particularmente en los ámbitos nacional e internacional, donde no hay espacio para
improvisar ni divagar. Sus fuentes de abastecimiento informativo deben ser serias, creíbles y
oportunas.

Las deficiencias en esta área tienen consecuencias fatales. Estar bien informados y saber
comunicar es un continuo elemental. En tiempos de avances tecnológicos y redes sociales que no
se pueden desechar, cualquier error, olvido, confusión, equívoco, -incluso algún titubeo-, formará
parte de la cuenta que de manera perentoria deberá ser pagada por aquellos funcionarios poco
juiciosos o negligentes que no estén en condiciones de cumplir la tarea asignada.
Más de alguien dirá: ¿por qué echarle siempre toda la culpa solo a los asesores del presidente,
primer ministro, jerarca, dirigente o jefe poderoso?, si en determinadas situaciones la
responsabilidad máxima por una conducta o mala decisión que se pretende ocultar, lleva el
nombre y apellido del superior al que determinados necios -aptos para postularse como
colaboradores y encubridores de regímenes totalitarios- intentan proteger con actitud servil.

Información responsable y sin censura
En el caso de un gobernante impetuoso que prefiera saltarse escalones al atropellar normas de
procedimiento y protocolos regulatorios, el resultado será casi siempre desastroso y tendrá
consecuencias funestas. En Chile se señala como ejemplo, la cadena de errores comunicacionales
cometidos durante el pésimo manejo político del denominado ‘caso Monsalve’, un importante ex-
subsecretario encargado de la seguridad interior del Estado, -de la coordinación de las policías y de
combatir al crimen organizado-, quien se encuentra en prisión preventiva imputado de violar a una
funcionaria subalterna. Los efectos perjudiciales de esta tormenta para el gobierno central, se
prolongan por más de dos meses y no se avizora aún el término de su paso arrasador.

El tablero de fusibles no operó y la fuerza noticiosa del escándalo político-sexual impactó de lleno
en el corazón del jefe superior, quien se excedió de velocidad y no respetó los carriles
establecidos. Su extenso relato, sus explicaciones poco convincentes y su argumentación
escuálida, no debieron tener lugar en un escenario como el que utilizara. Se equivocó de sede,
pues previamente debió adoptar varias resoluciones administrativas sancionadoras, entre éstas el
cese inmediato de funciones de la mencionada ex-autoridad, y solo después aparecer frente a las
cámaras y micrófonos de los periodistas. Ahora que se han conocido los antecedentes filtrados de
una extraña denuncia pretérita -que sí afecta directamente al jefe-, se ha podido comprender
parcialmente el manejo inicial (del caso Monsalve) y cómo se agitaron las aguas contaminadas al
interior del estanque oficial.
La excusa palaciega que se ha escuchado es: “se pudo haber hecho mejor”. Pero -por favor- si está
declaración es claramente débil e insatisfactoria. Lo correcto era decir: “se debió haber hecho
mejor”, aunque a esta altura ya es demasiado tarde. Tampoco es atinado declarar con cierto dejo
de frivolidad y descaro: “lo qué pasó, pasó”. Esta frase lamentable de resignación déjensela al
puertorriqueño Daddy Yankee, para que la cante con ritmo y sabor tropical; él sí sabe cantar sin
desafinaciones, sin tonos falsos.

Escrutinio social y líderes gastados
El escrutinio de la sociedad actual sobre la élite política es cada día más amplio y severo. Esto
explica que ciertas actitudes anormalmente curiosas, extrañas y singulares, (dificultades
cognitivas, de movilidad, miradas perdidas en la nada, giros inconscientes y vueltas sobre sí mismo
sin motivo, divagaciones al borde del delirio, etc.), en personajes como Joseph Biden, Nicolás
Maduro, Pedro Castillo, Daniel Ortega, -eventualmente susceptibles de análisis psico-fisiológico-,
sean expuestas profusamente por los medios informativos y comentadas con preocupación por
vastos sectores de la opinión pública nacional e internacional.
Mientras los relatos se suceden, roguemos para no ver ni escuchar tanto desparpajo
comunicacional.