Por Magdalena Bas Vilizzio
Mónica Nieves Aguirre
Foreign Affairs Latinoamérica

Hasta la fecha, y desde la carta conjunta que dio inicio al proceso de presentación
de candidaturas, cuatro mujeres y dos hombres aspiran a dirigir la Secretaría
General de la ONU y convertirse en la décima persona en ocupar ese cargo.

La primera postulación —un día después de que se abriera la convocatoria— fue
la de Rafael Mariano Grossi, por Argentina. Diplomático de carrera,
con doctorado en Relaciones Internacionales, Historia Internacional y Política, se
ha destacado por su trayectoria al frente de organismos vinculados al uso de la
energía nuclear, el desarme y la seguridad, como el Organismo Internacional de
Energía Atómica (OIEA). Su plan se articula en torno a cinco prioridades
interrelacionadas centradas en la paz, la seguridad, la colaboración, los derechos
humanos y, de manera especial, la reforma institucional.

La segunda candidatura fue la de Michelle Bachelet Jeria, presentada por
Brasil, México y Chile, aunque este último retiró posteriormente su apoyo tras la
llegada de José Antonio Kast a la presidencia chilena. Médica cirujana
pediátrica de profesión, Expresidenta de Chile y Exministra de Defensa y de
Salud, ha estado vinculada a diversos organismos internacionales, en particular
como Directora Ejecutiva fundadora de ONU Mujeres. Su propuesta se estructura
en torno a cuatro ejes estratégicos: la reforma institucional, las personas, los
principios fundacionales y el diseño del futuro.
En marzo de 2026 se sumaron otras dos candidaturas. La primera fue la de
Macky Sall, presentada por Burundi. Expresidente de Senegal, ingeniero
geológico y geofísico de formación, destaca por su trayectoria en la gestión
pública. Su proyecto se sustenta en tres pilares: la paz, la seguridad y el
desarrollo; la renovación del multilateralismo, y el fortalecimiento de la gobernanza
de la ONU.

La segunda candidatura fue la de Rebeca Grynspan Mayufis, presentada por
Costa Rica. Exvicepresidenta de ese país y Exministra de Vivienda y de Asuntos
Económicos y Sociales, es además maestra en Economía. Grynspan ha estado
estrechamente vinculada al multilateralismo, en particular en los ámbitos del
desarrollo, y en 2021 se convirtió en la primera mujer en dirigir la Conferencia de
las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo. Las prioridades de
su programa se orientan hacia la paz y la seguridad duraderas, la reforma
institucional y la construcción del futuro, teniendo en cuenta la multiplicidad de
desafíos existentes.

En mayo de 2026, Antigua y Barbuda presentó la candidatura de María
Fernanda Espinosa Garcés. Con estudios de posgrado en Antropología y
Ciencia Política, fue Ministra de Relaciones Exteriores y de Defensa Nacional de
Ecuador. Además, fue la primera mujer latinoamericana en presidir la Asamblea
General de la ONU. Su propuesta se sustenta en cinco pilares centrados en la paz
y la seguridad; el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible; la
energía y la transformación digital, así como la reforma institucional orientada al
restablecimiento de la confianza en la Organización.

La postulación más reciente, presentada el 15 de junio de 2026, fue la de Carolyn
Rodrigues Birkett por Guyana. Con una maestría en Asuntos Internacionales y
Diplomacia, fue Ministra de Relaciones Exteriores, Comercio Exterior y
Cooperación Internacional, así como de Asuntos Indígenas. Su propuesta se
sustenta en cinco ejes: la paz y la seguridad; el desarrollo; los derechos humanos;
la reforma institucional, y la mancomunión de esfuerzos.
Todas las “declaraciones de visión” presentadas por las personas postulantes se
alinean con el principio rector tradicional de preservar la paz y la seguridad
internacionales. Además, comparten un denominador común: la reforma
institucional.

Si bien la experiencia y los conocimientos de quienes aspiran a la Secretaría
General parecen estar fuera de toda duda, el veto puede dejar a alguno de ellos
fuera de la competencia. Bachelet, por ejemplo, enfrenta el rechazo de China por
el informe sobre la minoría uigur que publicó su oficina cuando era Alta
Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos. Asimismo, el
actual gobierno de Estados Unidos también se ha mostrado poco afín a su
candidatura. Por su parte, Grossi podría ser objeto de un veto por parte de Rusia,
dadas las medidas adoptadas por el OIEA que dirige en relación con el programa
iraní de enriquecimiento de uranio, considerando la estrecha relación entre ambos
países.