Estados Unidos e Israel, actuando de conjunto, atacaron la capital Teherán y varias ciudades del país persa, causando la muerte del ayatolá Ali Jamenei, líder de la llamada Revolución Islámica y gobernante supremo del país. Este es un conflicto que ya dura varias décadas marcadas por desacuerdos políticos y económicos. Irán respondió el ataque atacando bases militares estadounidenses en Bahréin, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos y Qatar. El presidente norteamericano Donald Trump anunció “operaciones de combate mayores” para eliminar la amenaza nuclear que representa el país persa.
Benjamin Netanyahu, primer ministro israelí, señaló que la ofensiva de los norteamericanos y de ellos, “durará lo que sea necesario”, y que buscara “eliminar la amenaza existencial que representa” el régimen de los ayatolás. Irán ha prometido acabar con el Estado de Israel.
El conflicto se inició en 1953 y tuvo como razón de ser, el tema del petróleo. Ese año gobernaba Irán el Sha, Mohammad Reza Pahleví, cercano a los Estados unidos y en general a los países occidentales. Irán era, un actor estratégico en plena Guerra Fría y un necesario proveedor de petróleo. Esta relación fue interpretada por sectores importantes de Irán como una subordinación a occidente. El primer ministro Mosaddeq inició un proceso de nacionalización del petróleo de propiedad mayoritariamente de las empresas británicas.
Este proceso causó un daño a las relaciones entre los países occidentales y el régimen iraní. En 1953, Mosaddeq fue derrocado en un golpe de Estado organizado – se dice – por la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos con apoyo del gobierno inglés, con el objetivo de restituir en el poder pleno al sha Reza Pahlavi y asegurar los intereses petroleros ingleses y norteamericanos en Irán. En el año 1957 EE UU e Irán firmaron un acuerdo de cooperación para usos civiles de la energía atómica. En 1967, Estados Unidos entregó a Irán un reactor de investigación, y en 1968 Teherán suscribió el Tratado de No Proliferación Nuclear.
Por esas paradojas de la historia, la misma potencia que había destruido su democracia le ayudó a construir centrales atómicas. Décadas después, ese mismo programa nuclear, iniciado con tecnología norteamericana, se convertiría en razón principal de la crisis actual.
En 1979, el sha Reza Pahlavi, aliado de los norteamericanos tuvo que entregar el poder ante una fuerte movilización popular en su contra, hecho aprovechado por el ayatolá Ruhollah Jomeiní para regresar al país, desde su exilio en París, para proclamar la República Islámica. El 4 de noviembre de 1979, un grupo de estudiantes iraníes se tomó la embajada de Estados Unidos en Teherán y exigió la extradición del Sha, que se encontraba en los Estados Unidos. 52 diplomáticos y ciudadanos estadounidenses fueron tomados como rehenes.
La crisis se prolongó durante un año y medio naciendo entre ambos países un profundo antagonismo. En abril de 1980, Washington rompió formalmente relaciones diplomáticas con Teherán. Desde entonces, Estados Unidos e Irán carecen de relaciones diplomáticas.








