Por Jorge Varela
Analista político

El Vaticano acaba de dar a luz una nueva encíclica, en una fecha
emblemática para los creyentes católicos y para aquellos que sin serlo se
aferran con esperanza a una espiritualidad milenaria que pudiere
alumbrarlos, mientras descienden a oscuras y se internan en las cavernas
del abismo contemporáneo.

¿Será que la Iglesia católica en su misión evangelizadora por recuperar
espacios de influencia ha decidido anticiparse a Silicon Valley y otros
centros tecnológicos, al advertir al mundo de la amenaza ética que
constituiría la inteligencia artificial (IA) para la inteligencia consciente de los
humanos y para su destino como humanidad libre?
¿Cuál es la idea de Prevost? ¿La de establecer límites éticos frente al
avance acelerado de los algoritmos y la automatización?. En este lugar del
planeta hemos esperado ansiosos el contenido íntegro del documento
pontificio. Cómo quisiéramos que su apellido fuese equivalente a la
expresión “previsto” del idioma español. El tiempo lo dirá.
El gran tema a definir es: ¿qué significa ser persona en un momento de la
historia en el cual las máquinas pueden desarrollar capacidades cognitivas
que eran consideradas exclusivas del ser humano?

Temores que provoca la IA
Yuval Noah Harari ha sostenido que “la humanidad se halla más cerca que
nunca de la aniquilación”, con tanta información circulando a velocidades
impresionantes. Esta nueva tecnología -la IA- “tiene el potencial de
escapar de nuestro control y de esclavizarnos o aniquilarnos”. “La IA no es
una herramienta, es un agente”. “La IA puede alterar el curso no solo de la
historia de nuestra especie, sino de la evolución de todos los seres vivos”.
(Prólogo de “Nexus”)
Lo concreto es que el desarrollo de la inteligencia artificial avanza a una
velocidad difícil de reducir, casi imposible de detener. Su irrupción es
avasalladora. Este rápido avance tecnológico ha despertado temores
relacionados con el desempleo masivo, la manipulación informativa y la
pérdida de control humano sobre estos sistemas generativos y creativos
autónomos. Por ejemplo, varias profesiones humanistas, científicas y
técnicas se encuentran en serio riesgo de obsolescencia.
No obstante, la IA ya forma parte de nuestras vidas, pues está cada vez
más incorporada a nuestras costumbres. Está determinando nuestros
comportamientos, diagnosticando nuestras enfermedades, proponiendo
soluciones y fórmulas para actuar, haciéndonos más fácil transitar por la
vida. Se afirma que la utopía de algunos magnates tecnológicos pretende
generar espacio a una civilización naciente de humanos, biológicos y
robóticos conectados por la IA.

“Magnifica Humanitas”
La encíclica “Magnifica Humanitas”, presentada el 25 de mayo contó con la
presencia de Christopher Olah, cofundador de “Anthropic”, personaje
influyente en el campo de la inteligencia artificial. Una participación que no
debería considerarse casual. En el último tiempo, distintos líderes políticos
intensificaron el debate regulatorio sobre este tipo de inteligencia, mientras
crecían las advertencias asociadas a modelos cada vez más avanzados.

Esta nueva encíclica procura definir el papel de la humanidad en un
contexto donde los ordenadores y algoritmos ya intervienen en nuestras
decisiones económicas, sociales y políticas. El documento aborda temas
relacionados con la dignidad humana, el trabajo, la privacidad, la
desinformación y los riesgos vinculados al desarrollo sin control de
sistemas inteligentes. Uno de las finalidades perseguidas es que el futuro
de la inteligencia artificial no se defina solo en los laboratorios
tecnológicos, sino también en el terreno ético de los valores humanos.

¿Buscando a Dios?
Hoy es imposible tener privacidad en el espacio público. Se ha dicho -de
modo cínico- que quizás se esté buscando a Dios en Silicon Valley. ¿Por
qué entonces solo se convocó a Christopher Olah de “Anthropic” y no a
Elon Musk, Sam Altman, Mark Zuckerberg, Peter Thiel, Marc Andreessen,
o a Jensen Huang, entre otros? ¿Por qué no haber invitado a Yuval Noah
Harari y Slavoj Zizek? ¿Por qué?, ¿porque sus visiones son diferentes a
las del cenáculo vaticano?
La salvación de la humanidad no admite exclusiones incomprensibles. En
este sentido, no debiera descartarse que la IA podría permitirnos avanzar
de modo intrépido a una fase de mayor y mejor conocimiento del inmenso
cosmos circundante que nos cobija. ¿Hay entonces, algo más que un
mensaje oculto en este reciente acontecimiento eclesiástico? Sabido es
que Anthropic se negó a autorizar al Departamento de Defensa
estadounidense para usar el modelo “Mythos” en tareas de vigilancia.