Por Jorge Varela
Analista Politico

Se afirma que los escolásticos definieron al amor como el primer movimiento de la
voluntad hacia algo que se descubre como bueno. Incluso la democracia está incluida
como objeto de amor. Lo que significa que a ésta se la considera algo bueno, un
modelo de convivencia que promueve el desarrollo y perfeccionamiento del ser humano
en sociedad.

La democracia es “una forma social entre otras formas factibles de vida social”, según
la justificación del filósofo estadounidense John Dewey. Además “es la precondición
para la aplicación plena de la inteligencia a la resolución de los problemas sociales”.
(Hilary Putman, “Cómo renovar la filosofía”)
Esta fórmula racional para gobernar asuntos públicos de naturaleza diversa -no solo
social- se ha convertido en un entramado de objetivos, anhelos, esperanzas, principios
y acciones concretas. Aquello que para la comunidad organizada se conoce como
construcción del bien común general, es un verdadero proyecto de vida en común
compatible con el proyecto de vida de la persona solidaria.

Amor u odio por la democracia
Si de democracia se trata, -un tema demasiado trascendente que debe ser analizado
desde el enfoque civilizatorio-evolutivo-, lo aconsejable es no hablar o escribir desde la
ambigüedad, desde la complacencia necia; menos desde el halago apologético servil.
¿Usted es de los que continúa apostando por un modelo de democracia al estilo
occidental decadente?
A la democracia liberal representativa se la quiere o se la rechaza. Por ejemplo, ¿usted
piensa que los demócratas del presente suelen titubear en demasía o tan solo quieren
aprovecharse de las circunstancias, y que los populistas de espectro amplio son los
únicos aborrecedores de la democracia? No es tan simple profundizar en una cuestión
que es necesario estudiar desde diferentes ángulos para luego pronunciarse como juez
acucioso de una historia que aún está en curso, a la cual le faltan muchos capítulos.
Por ahora solo es posible acceder a versiones correspondientes a guiones diferentes y
parciales que pretenden imponer conclusiones sesgadas.
En la actualidad solo un 44% de los chilenos ha concordado en que “la democracia es
preferible a cualquier otra forma de gobierno”; mientras que un 34% considera que “da
lo mismo un régimen democrático que uno autoritario”. Finalmente, un 41% estima
conveniente sacrificar las libertades públicas y privadas para combatir la delincuencia.
(última encuesta del Centro de Estudios Públicos, CEP) (“Desapego democrático”, “La
Tercera “, 11 de mayo de 2025)

El valor de la democracia representativa
De acuerdo a un estudioso, “las democracias representativas deben compararse con
las dictaduras, no con utopías constructivistas,…para hacer tangibles sus virtudes”. “Es
preciso evitar comparar la democracia con utopías”. “Políticos e intelectuales públicos
llevan años comparando nuestra democracia con un régimen político imaginario, o un
ideal abstracto…De este contraste inválido, resulta evidente que el saldo será
negativo”. (Andrés Dockendorff, artículo “¿El declive de la democracia chilena?”, “El
Mercurio”, 19 de mayo de 2025)
Su argumento se basa en que “la democracia representativa (la única que existe) tiene
un valor intrínseco: escoger a intervalos regulares, colectivamente, a quienes nos
gobiernan. Esto no es algo accesorio. El procedimiento democrático supone cosas muy
valiosas, tales como la igualdad política (una persona, un voto), pluralismo, fuentes de
información alternativas, asociación, tolerancia a la minoría opositora, entre otras”

El pluralismo y el liberalismo
Según Isaiah Berlin la tesis del pluralismo conduce a sostener que el liberalismo es
solo una más de las formas de vida que existen y que los liberales escogieron. Si eso
es así, ¿por qué otros pueblos no podrían entonces hacer otro tipo de elecciones? Los
humanos estamos acostumbrados a hacer elecciones entre valores en apariencia
equivalentes; entre principios, sistemas, modelos, regímenes. “En tal caso, ¿qué
justificaría defender la democracia liberal contra la voluntad explícita de otro pueblo o
comunidad?” (Carlos Peña, “Ideas de perfil”, “Isaiah Berlin: la solución final no existe”,
Hueders, 2015)
Es que “el pluralismo de Berlin no conduce necesariamente al liberalismo”, e
inevitablemente tampoco desembocaría en una forma cuestionada de democracia
liberal. Recuérdese que Nicolás Maquiavelo exploró que el pluralismo era compatible
con ideas no liberales.

¿Qué piensa usted?
¿Usted le tiene amor a la democracia liberal y está dispuesto a defenderla hasta con su
vida o le parece que carece de valía utópica y de eficacia práctica, que no ha podido
satisfacer las esperanzas de millones de seres, ni articular un equilibrio clave básico
entre vida, libertad, justicia, comunidad, armonía, orden y paz; que ha fracasado en
establecer las condiciones necesarias para alcanzar el bien común general y favorecer
las posibilidades de crecimiento de la persona en su vasta dimensión social?
A usted que se cansó de escuchar a tanto falsario disfrazado de demócrata, ¿le parece
que existen modelos alternativos de convivencia y que es posible superar los límites del
espacio institucional circunscrito en que se ha movido desde que la revolución francesa
sentara sus principios?

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