Diversos analistas, ex ministros de Relaciones Exteriores y personeros del actual gobierno
sostuvieron que la postulación de Michel Bachelet a la Secretaria General de la ONU era
una apuesta voluntarista condenada al fracaso. Muchos sostenían que la posición
procomunista de la ex presidente haría fracasar su aventura electoral.
El gran ideólogo de la postulación de Bachelet fue el ex Presidente Gabriel Boric, que debe
haber recibido confundido, la noticia de que en una votación preliminar, no vinculante,
del Consejo de Seguridad de la ONU, su candidata había recibido cinco menciones
negativas de los integrantes del Consejo ya mencionado.
Es que la decisión del ex presidente de postular a Bachelet a la Secretaria General de la
ONU obedeció a un “gustito personal” para demostrar que él era alguien importante en el
ámbito internacional: un líder para la izquierda mundial.
La cruda realidad puso las cosas en su lugar. Al esperado veto de los Estados Unidos a la
citada postulación, se sumaron otros integrantes del organismo de seguridad que también
comprendieron lo que muchos analistas habían pronosticado: Que Bachelet, y su postura
pro comunistra no tenía las condiciones de liderazgo que se requieren ahora para sacar a
tan importante organismo del letargo en que hoy se encuentra. Chile, que había retirado
su apoyo a la postulación de Bachelet, puede estar tranquilo. El Consejo de Seguridad
propondrá a otro de los varios candidatos existentes para comandar la ONU.
Y el ex presidente Boric podrá darse cuenta que no es el líder de los auto designados
sectores progresistas, sino un dirigente de una izquierda radical de un pequeño país, que
frente a las grandes potencias, poco puede aportar al desarrollo de la política
internacional.








