Por Jorge Varela
Analista politico
Christopher Bickerton y Carlo Invernizzi Acetti afirman en su ensayo “La
trampa tecnopopulista”, que “tendemos a ver la política democrática en el
marco de una lucha entre izquierda y derecha, a pesar de las numerosas
discusiones sobre las imperfecciones de este sistema de clasificación”.
Aunque este enfoque binario de izquierda-derecha todavía otorga a la
política contemporánea cierta claridad y legibilidad, su proyección al plano
del análisis revela demasiada falta de imaginación, tal como ocurre con la
referencia a la lucha de clases. (revista “Le Grand Continent”, 19 de abril
de 2021)
“El éxito político actual parece estar mejor garantizado evitando por
completo la ideología”. Hoy existen actores políticos que sarcásticamente
intentan desprenderse de las etiquetas de ‘izquierda’ y ‘derecha: ¡ni facho,
ni comunacho!; ni fascista, ni comunista.
Populismo y tecnocracia: nuevos polos de la competición política
democrática
Entonces, ¿de qué trata hoy la lucha política, si “populismo y tecnocracia
aparecen cómo polos principales de la política democrática
contemporánea”?
“El populismo es un tipo de acción política que hace uso de un concepto
unitario y monolítico de ‘pueblo’ contra una idea abstracta y moralizada del
‘otro’ (las élites, la casta, los extranjeros), mientras reclama un derecho
exclusivo a representar al pueblo”. En este sentido, como explica Jan-
Werner Muller, -un político de Princeton- : “los populistas declaran que
ellos, y solo ellos, representan al pueblo”.
“La tecnocracia es la asociación de las habilidades o experiencia -techne-
con kratos, el ejercicio del poder”. Ella tiene raíces en una concepción
platónica: los reyes-filósofos gobiernan en lugar del demos. “Recurrir a la
aptitud y la experiencia se ha convertido cada vez más en un pilar de
nuestra cultura política democrática, así como en un elemento crítico en la
forma en que juzgamos a los representantes electos”. “¿Son buenos?”
“¿Harán su trabajo?” “¿Podemos ver sus currículums?”
Al escribir sobre el mundo después del covid, el historiador y antropólogo
Yuval Harari advirtió que “se debería optar por confiar en los datos
científicos y los expertos en salud por encima de las teorías de
conspiración infundadas y los populistas egocéntricos”. “Sin embargo, si
examinamos atentamente esta relación entre populismo y tecnocracia en
la política electoral de hoy en día, vemos que esto es bastante más
complejo. La lucha en las democracias contemporáneas es entre maneras
enfrentadas de combinar las apelaciones al ‘pueblo’ y a la ‘experiencia’. A
esta síntesis es a lo que llamamos tecnopopulismo”, según los autores
citados.
La lógica política tecnopopulista
Populismo y tecnocracia poseen un tipo específico de ‘verdad política’, ya
sea en forma de una concepción concreta de la voluntad popular (la ‘gente
real’ mencionada por el dirigente británico Nigel Farage) o en forma de un
tipo específico de conocimiento al que los tecnócratas declaran tener
acceso. “El populismo y la tecnocracia se oponen a una concepción de la
política como una lucha abierta y sin fundamento entre intereses y valores
enfrentados dentro de un conjunto de procedimientos aceptados por todos.
En otras palabras, el populismo y la tecnocracia comparten una hostilidad
hacia lo que el filósofo francés Bernard Manin ha llamado ‘democracia de
partidos’”, lo que se manifiesta en el hecho de que tanto populistas como
tecnócratas dirigen su crítica hacia los políticos profesionales y los partidos
políticos.
Los populistas consideran a los partidos y grupos de interés como
ejemplos de un sistema corrupto y egoísta. Los tecnócratas los descartan
como ‘buscadores de rentas’, grupos de intereses propios cuya influencia
debería ser eliminada del cuerpo político. Para el populista y el tecnócrata,
los partidos o las formas organizadas de defensa de intereses son
ilegítimos porque perturban la realización de una ‘política de la
generalidad’ basada en una apelación a la sociedad considerada en su
totalidad.
Gobernar en el vacío
El tecnopopulismo es pues, consecuencia directa de la creciente
separación entre política y sociedad. Una vez que los aspirantes a un
cargo electoral dejan de rendir cuentas a clases distintas y grupos
específicos de la sociedad, adquieren un incentivo para apelar a los
intereses y valores de la sociedad en su conjunto, tratándola como una
masa indiferenciada de electores. Tanto la “concepción populista de
pueblo” como la suposición tecnocrática de que existen “soluciones
políticas objetivamente correctas” son ejemplos de concepciones no
intermediadas del bien común. Así, el auge del populismo y la tecnocracia
como nuevos polos estructurantes de la política democrática
contemporánea es visto como resultado de lo que el politólogo irlandés
Peter Mair llamara “gobernando en el vacío”, entre una sociedad
atomizada y políticamente impotente, por un lado, y una clase política
autorreferencial que busca la validación electoral apelando a
generalidades abstractas como pueblo o soluciones políticas correctas, por
otro. (En un próximo artículo se continuará exponiendo la visión actual de
Carlo Invernizzi sobre las características y consecuencias del
“tecnopopulismo”)








