El hombre: ¿enemigo de la humanidad?
¿Cómo levantar el alicaído humanismo? ¿Tiene algún sentido esforzarse para
contribuir a la superación de su decadencia? Cuando la humanidad ha sido
abandonada, ¿cuáles son las tareas verdaderamente importantes para volver a
cuidar al hombre? En momentos inciertos en que los enfoques posthumanistas y
transhumanistas concentran la atención de estudiosos y aprendices, es imposible
eludir que la preocupación principal continúa siendo el cuidado del ser humano, al
considerársele como fin último de cualquier fundamentación ética-social-política.
Lo que algunos denominan genéricamente como crisis del humanismo, puede ser
calificado, con precisión, de tragedia del humanismo contemporáneo.

Ideas acerca del humanismo
La cuestión clave es: ¿en qué se basa el humanismo? Según Heidegger –en su
famosa “Carta sobre el Humanismo”– “todo humanismo se basa en una
metafísica”. Mas al final siempre se llega al hombre, en tanto referente del
humanismo. Pero, ¿qué es el hombre?: ¿sujeto?, ¿sustancia?, ¿espíritu?, ¿ser
existente dotado de razón y conciencia? Pareciera que la idea de hombre no se
agota en una única noción ontológica.
El humanismo como idea, es reconocible si se escarba en la fundamentación
filosófica del mismo. El enfoque existencialista de Jean-Paul Sartre por ejemplo,
es diferente a la visión personalista cristiana de Jacques Maritain y a la del teólogo
jesuita y paleontólogo Pierre Teilhard de Chardin, quien también se preocupó del
porvenir del hombre. Y si se contrasta a Nietzsche con Heidegger se tendrá otra
perspectiva analítica.
¿Será entonces que la palabra humanismo es un vocablo ambiguo? Digámoslo de
otro modo, ¿cuántos tipos de humanismo hay? Maritain escribió que “el
humanismo es inseparable de la civilización o de la cultura, tomadas ambas
palabras como sinónimos”. (“Humanismo integral”)

Insuficiencias del carril antropocéntrico       

Si la atención se centrara solo en la actitud individual del hombre ante su destino,
existe un riesgo: el de deslizarse por el carril dialéctico del humanismo
antropocéntrico. Si ello fuera así, ¿se despejaría de nubes la vía hacia una mejor
humanidad? ¿Tendrá el antropocentrismo todas las respuestas para no abandonar
al hombre y rescatarlo de su estado actual?
Cuando la técnica continúa avanzando a gran velocidad, la tarea del resguardo y
rescate humano exige dignidad, sensibilidad, capacidades superiores y harto
coraje multiactivo. ¿Qué rol juega la ética en esta fase preliminar de
reconstrucción?, porque hay hombres buenos y malos. A la mayoría de estos
últimos no les interesa alentar condiciones mínimas de vida para que lo humano
(la humanidad) sobreviva.

Valor del ser humano
Por eso, en pleno siglo XXI todavía hay mucho por hacer en torno al humanismo.
“Nuestra civilización aún no está preparada para entender el valor del ser humano
cuando se plantea: ¿por qué tengo que preocuparme del futuro de esta
humanidad? Estas y otras tantas preguntas dejarían ver que solo desde una
profunda empatía o convicción moral podríamos valorar la vida humana por
encima de cualquier otro ideal… Las guerras, los fundamentalismos, el
narcotráfico, la explotación sexual, los secuestros y la fatuidad de los corredores
de la muerte dejan ver que muchos no pueden comprender, ni valorar la vida
humana…” (Hacia un humanismo de mínimos, Sissi Cano Cabildo).
“El primer paso para proteger y defender la vida humana es el reconocimiento del
valor del ser humano como fin en sí mismo (como lo planteaba Kant) y la
correspondiente exigencia de ser tratado como persona. A partir del
reconocimiento de los derechos del individuo es que el ser humano pasó a ser
persona: alguien que tiene derecho a tener  derechos”.

El hombre: enemigo de la humanidad
“Nosotros mismos somos nuestro peor enemigo”, escribió Teilhard de Chardin.
“Nada puede destruir a la Humanidad, excepto la Humanidad misma”.
Se ha confiado demasiado en la razón, en la ciencia y en la tecnología, y “se ha
dado la espalda a la vulnerabilidad de la vida humana y a la fragilidad de la vida
misma”. El humanismo tiene que reconstruirse, más allá de prejuicios racistas,
sexistas, sociales, religiosos o ideológicos. “¿Acaso sería posible fundamentar una
ética que no vele por el futuro de la Humanidad?” “La alternativa a la orfandad
espiritual de la ética secular  contemporánea no tiene que devenir necesariamente
en relativismo o nihilismo” (Hacia un humanismo de mínimos).

Conclusión 

“Nada puede ser más importante que el ser humano. Pese a todas nuestras
debilidades y defectos, somos los únicos que podemos cuidarnos a nosotros
mismos”. Hoy tenemos el tremendo desafío de fundamentar y emprender la
reconstrucción del Humanismo, empeño que no puede rendirse ante las guerras,
la amenaza ecológica, la miseria y el sufrimiento que conllevan. “Sería entonces
un humanismo de mínimos pero no por ello de menor envergadura filosófica,
quizás más realista que cualquier otro humanismo que nos haya precedido” (Sissi
Cano Cabildo).