Por Renato Ahumada C
Director El Cordillerano

En estos días los sirios están celebrando el primer aniversario de la destitución del ex dictador Bashar Al Asad. La guerra civil de Siria, que duró casi 14 años, cambió la cara del país, afectando a numerosos grupos religiosos y étnicos, generó una de más mayores migraciones que ha conocido la humanidad y dejó al país profundamente dividido. Sin embargo – “malgre lui”, diría un francés- hoy existe un país que, con problemas de todo tipo, sin embargo funciona.

En la Siria de hoy, los atentados terroristas que eran pan de cada día han ido desapareciendo, los organismos del Estado están cumpliendo su gestión burocrática y cientos de sirios que estaban desperdigados por Europa, están regresando a su tierra. También llegan al país, por primera vez en cuatro décadas, algunos inversores y también turistas que lo visitan por primera vez.
El nuevo gobierno Sirio instalado después del derrocamiento del dictador Bashar al Asad, por el cual los analistas no daban un peso, está cumpliendo un año en el poder, enfrentando los desafíos que implica poner en marcha al país.
El actual gobierno del presidente Ahmed al Shara, ha logrado que esta milenaria pero difícil nación logre, a pesar de los muchos errores cometidos, entre ellos el sectarismo de algunos de sus partidarios, crear las bases de una nueva Siria. El aniversario de la caída de Al Asad es una oportunidad para analizar la marcha del nuevo gobierno. Como lo señalamos anteriormente, que un gobierno logre consensos importantes en un país difícil, ya es un logro que merece ser destacado.

Es de esperar que ese gobierno, logre frenar los avances del movimiento islamita que en los países del oriente medio, es la gran amenaza para el pluralismo político y religioso. Siria está construido sobre la base de numerosos grupos étnicos y religiosos: suníes, chiíes, alauíes, cristianos, drusos y kurdos, constituyéndose este aspecto en un punto importante de la reconstrucción de un país y que ha sufrido mucho por causa de las discriminaciones religiosas y políticas.

Hoy en Siria ya no hay delatores, y se respira un aire distinto al de los años de la dictadura de los Al Asad. El sirio, después de muchos años de lucha, volvió a ser un hombre libre.