Hace 4 años con motivo de los hechos violentos ocurridos en el Capitolio y de las
imperfecciones y fisuras del mecanismo de elecciones estadounidense que permitían
dudar acerca de si se había distorsionado la real expresión de la voluntad soberana de
miles de ciudadanos, escribí lo siguiente: “¿después de Donald Trump habrá otro
caudillo semejante que rompa con todo?, o ¿solo Trump podrá sustituir a Trump?
(artículo “Goodbye Mr. Trump, I’ill see you later”, “El Montonero”, 21 de enero de 2021)
Pues bien, la respuesta ha sido dada de modo contundente: el caudillo está de regreso.

El regreso
El pasado lunes 20 de enero millones de contemporáneos observaron expectantes la
ceremonia de juramento del presidente de los Estados Unidos de América Donald
Trump, quien asumió en medio de un ambiente mundial tenso, agitado por fuertes
conflictos y turbulencias bélicas que afectan la vida de los habitantes de varios países y
la paz y seguridad de todos los seres del planeta Tierra.
El mundo atraviesa un tiempo tan complejo, duro y oscuro, que cualquier pronóstico
positivo o negativo corre el riesgo de no acertar en su proyección y de postergar la
aplicación eficaz de soluciones a la diversidad de problemas existentes, ocultando aún
más la débil luz del horizonte gris.

No será fácil para Trump
En su trayecto Donald Trump no tendrá la ruta despejada. Basta leer y escuchar los
comentarios insidiosos y malintencionados de numerosos medios de comunicación de
diferentes lugares del mundo acostumbrados a dictar pautas al gobernante de una de
las naciones más importantes del planeta. Son tantos los políticos y miembros de la
elite académica que se sienten derrotados en USA, Europa, África, Medio Oriente,
América Latina y Asia, que los mismos no estarán dispuestos a renunciar a la defensa
de sus ideas e intereses.
La denominada guerra cultural, -política y económica-, expandida sobre Europa
Occidental y otras áreas del planeta, más los vértigos que les son consustanciales,
generará sismos, réplicas y contrarréplicas estremecedoras. El tiempo que viene no
será propicio para espíritus débiles, temerosos hasta de su propia sombra. Si es
necesario apretar los dientes habrá que hacerlo.
Se anticipa la concreción inminente de una serie de decisiones verticales emanadas de
un gobierno firme, robusto, impetuoso y pragmático que no cederá espacio a sus
adversarios para convenir plazos y treguas paralizantes. Ningún crítico podría alegar
como excusa que ignora la fuerza y dirección de los vientos que se han originado a
partir de la victoria del republicano. Las medidas iniciales puestas en aplicación son
coherentes con los anuncios de campaña y corresponden a la plataforma programática
de Trump y sus huestes. Además el personaje que ocupa por voluntad popular la Casa
Blanca no es un hombre extenuado como John Biden, quien casi terminó convertido en
un despojo agobiado por sus decisiones y tropiezos.

La Nueva América Grande
Trump ha demostrado ser un mandatario ejecutivo que no estará dispuesto a ceder en
la consecución de sus objetivos estratégicos, geopolíticos, económicos o sociales. Su
regreso al ruedo nacional e internacional puede ser visto como el de un bisonte (búfalo)
que enfrenta las tormentas y no huye, decidido a arrasar con todo lo que se ponga por
delante para fortalecer la seguridad nacional, impulsar el crecimiento económico,
Imponer aranceles a determinados productos de la competencia extranjera, eliminar
regulaciones, avanzar en la expansión tecnológica y territorial, -mediante la
configuración de un centro de poder inteligente fundado en los grupos tecnológicos-,
detener la inmigración irregular, poner término a políticas subjetivas de ingeniería social
relacionadas con el género y combatir la intolerancia ideológica woke,

Hacia una utopía en tránsito
Las aspiraciones de Trump de crear “una nación orgullosa, próspera y libre”, -ha
sostenido enfáticamente que “la edad de oro de EE.UU. comienza ahora”-, tienen un
aroma intenso a reformulación embriagadora, a utopía diferente en tránsito de
aplicación.
Es lo que han esperado muchos ciudadanos jóvenes, negros, latinos y blancos que le
dieron un respaldo mayoritario sorprendente, porque como ha señalado Steven
Levitsky, “decir que los votantes de Trump son autoritarios o fascistas es
empíricamente falso.” (“¿Quién defiende la democracia?”, entrevista a Levitsky, “Nueva
Sociedad”, noviembre de 2024)
Lo que está en juego entonces es la redefinición del rol de Estados Unidos en el
mundo, mediante el uso de tecnologías emergentes como la inteligencia artificial y los
avances en el área neurológica y en la exploración espacial, más que el mero ejercicio
de un populismo autoritario circunscrito al ámbito interior. El objetivo determinante
debiera ser que la inteligencia artificial generativa (IAG) se supedite al servicio del ser
por sobre consideraciones especulativas de índole hegemónico-político secundarias.
Un conocido economista-analista ha escrito que el 20 de enero de 2025 “marca el fin
simbólico del neoliberalismo global”. “El globalismo se ha convertido en nacionalismo,
el neoliberalismo ha pasado a aplicarse únicamente a la esfera económica”. (Branco
Milanovic, “Hacia la estación de Finlandia: Trump como herramienta de la historia”, en
“Letras Libres”, 14 de enero de 2025)
¿Cómo nombrar a este entramado denso de ideas, visiones y políticas?
¿Hegemonismo valórico?, ¿capitalismo tecnológico?, ¿pragmatismo vertical
avanzado?, ¿populismo inteligente?, ¿rupturismo nacionalista?
El citado Milanovic. -autor entre otros libros, de “Miradas sobre la desigualdad”- se
muestra inquieto por la denominación de esta naciente ideología: “Todavía no
conocemos su nombre. Lo que sí se sabe es que representa una ruptura con la
ideología que gobernó desde los años ochenta, y seguramente desde principios de los
noventa, hasta hoy”.
Lo que se verá pues es un proceso de redefinición del rol de Estados Unidos en el
mundo. Aunque exista conocimiento suficiente de lo anterior, todavía hay quienes no se
han percatado que las bases estructurales del orden internacional vigente están
deterioradas y se requiere de un nuevo ordenamiento. A mayor abundamiento es
oportuno recordar a la cofradía de jerarcas progresistas radicales que hace mucho
tiempo, -pero mucho tiempo-, se les perdió la brújula de la racionalidad. Por ello es
imprescindible detectar dónde se ha escondido ese monstruo sinuoso y peligroso
llamado “poder”; el que deambula contaminado y sin control pervirtiendo los espíritus,
las mentes, los espacios gobernantes y las instituciones.