Por Jorge Varela
Analista politico
Fuad Chain, ex-presidente de la Democracia Cristiana chilena, ha dicho refiriéndose al
panorama político-electoral del país austral que “cualquier escenario para la DC es
catastrófico”. (“Diario Financiero”, 23 de julio de 2025)
No es primera vez que Chain emite declaraciones acerca del destino de la que fuera
una colectividad señera e influyente en la historia de Chile. En 2017 cuando aspiraba a
dirigirla, señaló: “el partido primero tiene que definir cosas de fondo, su rol ideológico y
programático”. “Debemos trazar objetivos y modernizar la DC”. “La crisis puede ser
terminal”. (“El Mercurio”, 26 de diciembre de 2017)
La crisis terminal se instaló
O sea, los ingenuos que pensaban que el PDC tenía claras sus ideas, -definiciones
doctrinarias y objetivos-, y creyeron de buena fe en los dirigentes de la tienda de
Alameda 1460, han sido engañados por audaces que bajo el pretexto de avanzar por la
senda del humanismo cristiano, se dedicaron a profitar del poder hasta corromperse,
terminando conscientemente por pervertirse así mismos.
Algunas definiciones necesarias se dilataron, se postergaron o no se produjeron. Otras
fueron equívocas. Cítese fugazmente el de la ubicación espacial de la DC, su lugar en
el espectro político. Todavía persiste la discordia esquizofrénica, fatídica, entre quienes
quieren agitar banderas desde el centro-izquierda, -izquierda del centro-, o desde el
centro.
¿Cuál es el lugar de la DC?
Esta cuestión suscitó el interés analítico del rector universitario y columnista Carlos
Peña hace casi ocho años. En su opinión, para la DC “su lugar fue el camino propio, un
camino jamás hollado”. Este camino fue una “utopía sincrética”, “una tercera vía
intermedia entre el capitalismo y el socialismo”, “que anhelaba tomar lo mejor del uno y
del otro”, “creyendo que con ello se sentaban las bases de una nueva cristiandad”. “Al
comienzo su lugar no fue el centro”, “nunca lo ocupó”. Peña preguntó: ¿puede haber
una crisis más profunda que desconocer el propio lugar? (“El Mercurio”, 24 de
diciembre de 2017)
Las posturas ambivalentes y contrapuestas han sido abundantes. La ex-senadora
Carolina Goic en sus cavilaciones hablaba de huir de los extremos: “lo que no podemos
hacer es seguir viviendo tensionados entre el coqueteo a la derecha, el fantasma del
camino propio, como lo llaman algunos, y aquellos que dicen que tenemos que pactar y
trabajar con el Frente Amplio”. (“La Tercera¨, 24 de diciembre de 2017) Así, a pesar de
sus cándidas intenciones de levantar una propuesta desde el centro, nunca logró
remontar como candidata presidencial, al enredarse en la repetición de esa monserga
destinada a hipnotizar y capturar ingenuos, que afirma que el domicilio de la DC está
en la centro-izquierda.
A estas alturas, solo cabe reconocer cuánta razón tenía y tiene Carlos Peña: ¿Puede
haber una crisis más profunda que desconocer el propio lugar?
Zona de penumbras
Hay otro asunto tan grave e inquietante como el descrito. La DC no ha sido capaz de
dar una respuesta contemporánea a dos grandes temas que sus dirigentes han
eludido: ¿qué es ser humanista cristiano?, ¿qué es ser demócrata cristiano, hoy? Esta
pereza colectiva que pareciera síntoma de poca fe, muestra de desidia intelectual y
hasta carencia de entereza moral, ha sido fatal.
Si la DC nació como alternativa al marxismo y fue expresión de rupturismo con el viejo
tronco conservador del cual se desgajó, ¿por qué no levanta orgullosa sus banderas?
Aquí radica el núcleo de su crisis existencial, de su crisis de identidad. Estoy esperando
la réplica de siempre. ¿Significa que el PDC ha sido dócil al capitalismo ortodoxo duro?
Basta su reconocimiento explícito de la doctrina social de la Iglesia católica para
responder a aquellos seguidores y simpatizantes de Marx que todavía anidan en sus
entrañas.
En la DC se admitió a partir de la mitad de la década de los años sesenta la acogida y
auge de posturas marxistas contrarias al capitalismo, bajo el influjo de teologías de
liberación popular, contagio que explica el surgimiento de un modo de pensamiento y
acción que acentuó vigorosamente su condena al anticomunismo, admitiendo fórmulas
ideológicas y pragmáticas adversas al capitalismo. Desde ese período, con excepción
del maestro Jaime Castillo y de algunos escasos acólitos, la filosofía del humanismo
cristiano comenzó a languidecer junto a los fundamentos estratégicos del camino
propio.
Fundamentos del camino propio
¿En qué consiste el ‘camino propio’ convertido en otro de los dilemas-escollos de la
Democracia Cristiana? ¿Qué significa hoy?, cuando la voluntad hegemónica de
muchos dirigentes lo rechaza, seducidos por ansias de poder. El camino propio no es
un simple camino yuxtapuesto.
Patricio Aylwin planteó en 1969, que si la Democracia Cristiana chilena no definía “un
camino propio” para seguir avanzando, iba a perder su opción de continuar dándole
gobierno al país. “El pueblo” -afirmaba- “tiene derecho a exigirnos definición”. (“Camino
propio”, “Cuadernos de la Política y el Espíritu”, Nº 1)
Esta ruta irrumpió en el Segundo Congreso Nacional de la colectividad, antes de la
elección que catapultó a Eduardo Frei Montalva como Presidente de la República (año
1962). Su principal impulsor fue el teórico Jaime Castillo.
A juicio de Aylwin: “el pueblo de Chile es antiderechista y anticomunista. Quiere un
camino distinto. Por eso nos entregó el poder en 1964”. “No encontrar ese camino
diverso significaría el fracaso de la Democracia Cristiana”. “Rehuir el desafío, optando
por la solución fácil de los otros dos caminos que con nosotros se quiso superar, sería
una traición a la confianza que el pueblo nos dispensó”. (Patricio Aylwin, “Camino
propio”)
Según Aylwin, la receta de nuevas combinaciones partidistas y de alianzas políticas no
era -ni es- la solución para los males del partido. “Tales combinaciones o alianzas se
convierten en ‘verdaderas bolsas de gatos’, esterilizadas por las contradicciones
internas y condenadas al fracaso”. “El país lo sabe y por eso las repudia”. Las palabras
finales de la argumentación de Aylwin son proféticas: “la Democracia Cristiana juega su
destino. O afirma su personalidad, muestra su propio rostro, propone al pueblo ‘su
camino’, o perece confundida en el caos ininteligible del populismo estéril”. (“Camino
propio”, documento citado)
Complacencia y servidumbre
El escenario catastrófico anunciado por Fuad Chain obedece pues, a una gestación
consciente que se prolonga durante años. En el seno de la Democracia Cristiana se ha
desplegado una estrategia de encubrimiento valórico -cuyo origen es exógeno- con el
objetivo de debilitar su consistencia conceptual y expandir el embotamiento ideológico,
la que ha terminado por secuestrar moralmente a demasiados militantes. Como
señalara el filósofo Jorge Millas (refiriéndose al rol de determinados intelectuales en las
nuevas sociedades), “se han convertido en complacientes panageristas del statu quo y
en siervos del poder político”, traicionando su misión y lealtad. (revista “Ercilla” Nª
1.841, septiembre de 1970)
Triste destino para una colectividad que estuvo en la cima y ahora se encuentra al
borde del precipicio a punto de caer…………








